//empieza aki //hasta aki

Una pregunta disfrazada de respuesta

(a propósito del artículo Después de las elecciones en Morena ¿Qué con la izquierda?
De Camilo Valenzuela Fierro del 16/8/22)

En verdad no puedes crecer y desarrollarte si sabes las respuestas antes que las preguntas. Wayne W Dyer

Alfonso Pliego Santos Mérida, Yuc., 22 de agosto de 2022.

En general el referido artículo del conocido militante de izquierda, Camilo Valenzuela, coincide con las visiones y análisis de distintos estudiosos y pensadores comprometidos que desde la izquierda pretenden hacer una crítica constructiva a la pomposamente llamada 4T (aunque no está por demás recordar que las 3 “T” anteriores fueron producto de las contradicciones de clase (y hasta de casta) que llevaron a procesos armados y todas derivaron en un nuevo pacto social: una nueva Constitución (Apatzingán 1814-15-Acta Constitutiva de la Federación 1824; la de 1857 y la de 1917), par de piernas que no tiene la 4T para sostenerse y no tendría por qué tenerlas cuando apenas se intenta un nuevo cambio de rumbo.

El otro par de piernas, ese sí urgente y necesario para sostener la Cuarta Transformación es el movimiento social de regeneración de la vida pública y la poderosa pierna de la vía electoral a la que parece la gran mayoría apostarle, y no precisamente por generar los cambios que el país necesita, sino por recuperar aquella vieja premisa priista de “Vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”), pero esta poderosa barredora electoral que es actualmente Morena, por más imbatible que ahora parece –aunque ahí están descalabros dolorosos en CDMX en 2021 y Durango en 2022— no puede seguir estando coja o sosteniéndose en esa sola pierna de lo electoral porque corre el riesgo de tambalearse en el 2024 y, peor aún, caerse después de las elecciones de ese año venidero y quebrarse en muchos fragmentos.

Con el reciente proceso interno de “asambleas”, la cúpula mediocre y clientelar de Morena pone de nuevo en boga las formas corporativistas y mediatizadoras de los movimientos reivindicativos iniciados por Lázaro Cárdenas y acendrados por Miguel Alemán, que dieron forma a ese PRI, que a pesar de los pesares –o de los audios de Alejandro “Alito” Moreno— se niega a morir, y el actual proceso interno de Morena le da respiración de boca a boca, si no precisamente a esas siglas partidista, sí lo hace de manera grotesca a las formas priístas de “hacer política”: el acarreo, la compra e inducción del voto, el carrusel y demás catálogo de triquiñuelas y delitos electorales. Ahora aparentemente señalados delitos graves (¿Serán también delitos graves para un proceso electivo interno de un partido, aunque se use el eufemismo de “Asamblea distrital”?)

Por otra parte, Valenzuela Fierro se refiere a la situación de la acumulación excesiva y ganancias indiscriminadas de la banca en México a costa del ahorro y trabajo de millones de connacionales, y es que con el modelo neokeynesiano de Estado de Bienestar de AMLO, lo que también se ha buscado es un reacomodo o circulación de las viejas oligarquías por unas “más modernas” o “más nacionalistas” –o menos entreguistas—, pero igual de rapaces y explotadoras. La revisión –o más bien la ausencia de ésta— a las concesiones mineras y las condiciones de seguridad en ese tipo de trabajo es tan sólo un pequeño ejemplo que lo confirma.

El marcado “compromiso” con el pago del servicio de la deuda es una premisa que pesa como loza a diferentes gobiernos, no se diga al de México, dependiente 85% de su comercio exterior con EU, donde residen además varias de las firmas del capital más parasito y usurero: el financiero (sin descartar Europa y aún China, dueño de HSBC, acrónimo de (Hong Kong-Shangai Bank Corporation). No hay que olvidar que esto no es privativo de México y sus gobiernos en turno, sean neoliberales o “no neoliberales por decreto”, están otros muchos casos, por ejemplo, Venezuela, que es uno de los más fieles y puntuales países en el pago de la deuda (sí, esa misma Venezuela, la del “socialismo del siglo XXI”, ahora enarbolado por Nicolás Maduro).

Por otro lado, coincido también en las referencias que hace Camilo Valenzuela al “motor” de cambio de esta 4T: el Movimiento de “Regeneración” Nacional, que NO ES más que una burocracia partidista más en este sistema de partidos políticos que se ha adueñado (agandallado) de la esfera de la participación ciudadana después del fraude electoral de 1988, y que una de sus mejores expresiones de cooptación es en lo que se convirtió el PRD a pesar de tener cerca de 700 mártires que lucharon por la revolución democrática en el sindicato, el ejido, el barrio, etc.

Como bien señala Camilo, Morena es una máquina electoral “que ópera más allá de la inexistencia de instancias colectivas y de asambleas de discusión y decisiones participativas”, es decir que desde su propio accionar, el partido guinda degrada y traiciona el primer párrafo de su aún “oficial” Declaración de Principios: “formar comunidad, construir ciudadanía”.

Como Valenzuela señala, las elecciones del pasado julio vinieron a consolidar “el hecho de que la naturaleza de Morena, es un conglomerado de grupos de interés y de poder”; es decir, que a todas aquellas tribus perredista que se sumaron para su conformación, se fueron uniendo –primero de manera paulatina pero constante chapulines y vividores del presupuesto, operadores políticos que necesitaban invertir su capital político, ponerlo a trabajar para que les generara dividendos (ganancias, al más puro estilo “emprendedor”), pero que después del triunfo arrollador del obradorismo en 2018 se convirtió en una marea constante de arribismo político de todo tipo de especímenes de diferentes expresiones partidistas: PRI; PAN; Verde, MC y lo que se quiera, pero esa marea se expresó ya en forma de tsunami arbitrario, perverso, tramposo e invasor este 1 de agesto, cuando AMLO, con su tradicional bendición mañanera aseguró que las elecciones fueron cuasi impecables.

Con dicho abordaje corsario descarado, no sólo se confirma el beneplácito de las oligarquías que se reacomodan (ahí están las grandes obras donde tienen jugosas ganancias: tren maya, interoceánico y otras), sino que sus empleados, la clase política cleptómana también se reciclan. Con todo esto, la izquierda, la que no es de membrete o de moda “cool” (porque ahora es moda ser un “progre buena ondita”) tiene varias tareas, pero también alternativas:

La primera, revisar la terminología estancada de los años ochenta que utiliza Valenzuela: “Hay que retomar la tarea de generar un movimiento político social de masas”. Este discurso anquilosado ya no cuaja, menos en las nuevas generaciones que siguen siendo clase obrera pero automatizada y atomizada, difuminada y dividida por el ávido deseo del consumo, de colmar “necesidades” (Agnes Heller: “A este respecto es irrelevante el hecho de que se trate de necesidades del estómago o de la fantasía. La satisfacción de la necesidad constituye la conditio sine qua non para cualquier mercancía” Teoría de las necesidades en Marx, Ediciones Península, Barcelona, 2a ed., 1986.)

Al mismo tiempo, el movimiento urbano popular es prácticamente inexistente gracias al boom inmobiliario en todas las ciudades del país. Situación más grave sucede con el llamado movimiento indígena y campesino: está constantemente golpeado por cacicazgos locales, vilipendiado por el gobierno federal y olvidado o agresivamente sometido por gobiernos estatales, mediatizado e individualizado (en gran medida por los programas de Bienestar, aunque también es una constante la represión selectiva de defensores de la tierra y el medio ambiente, la migración creciente y la falta de créditos y asesoría técnica y oportunidades para la gente del campo, campo que muy poco le es atractivo a los jóvenes como forma de sustento y de movilidad social.

Tampoco hay que olvidar el asedio a comunidades “rebeldes” como ayuntamientos autónomos (Cherán, Mich.), opositores a los megaproyectos (región Mixe), resistencias al despojo territorial (Izamal, Motul, Kinchil, Yuc.), opositoras a mega granjas contaminantes (Homún, Cuzamá, Halachó, Maxcanú o Celestún, todas en Yucatán), sólo por citar casos locales, pero hay muchos más: como el constante asedio paramilitar a las comunidades zapatistas, sus municipios autónomos y sus Juntas de Buen Gobierno en Chiapas.

Así que el llamado a esa entelequia llamada movimiento político social de masas, es algo menos que una disgresión nostálgica ochentera. Lo que hay que hacer es una red de movimientos, un tejido de coincidencias de los diversos movimientos, pues no hay que perder de vista que cada uno trae su propia agenda y se van a centrar en la consecución de sus demandas, y que dicha agenda político-social no la van a abandonar por un imaginario “movimiento de masas”. Lo que es urgente y posible es la conformación de una red que posibilite la conformación de un Frente Amplio Progresista que concite esfuerzos, luchas y voluntades en dos a tres demandas lo suficientemente abarcadoras del abanico social: mujeres, indianidad, defensa mediambiental, comunidad LGBT+, precariedad laboral, pero todas coinciden en la defensa de la vida y las libertades.

Como bien dice el autor una tarea urgente en ese sentido, necesaria y primaria es construir “un referente político ideológico… integrado por colectivos de base municipales, estatales y nacionales que, desde nuestro punto de vista, debe ser un referente ideológico político ecosocialista, feminista, patriótico y profundamente democrático e informativo” y constante formativo, agregaría.
Quiero asentar que coincido en cierta medida con el planteamiento de “convocar a todo ese morenismo ciudadano popular y activista militante a que, junto con nosotros, las fuerzas de la izquierda socialista (¿por qué ese dogmatismo de ponerle adjetivo a algo que no existe y estaría por construirse?) que actuamos fuera de morena, a conformar una fuerza político social que podríamos denominar MORENA PUEBLO Y DE IZQUIERDA”.

Otra coincidencia, pero que desde mi perspectiva es más bien una urgente necesidad, es la de ir caminando para sembrar la idea de un nuevo constituyente y para eso, como bien dice el autor, debemos “reconstruir una izquierda con identidad ideológica política y militante”. La tarea está ahí, la responsabilidad para estar a la altura de las circunstancias es de la que tengo duda, o más bien, ESA sería mi verdadera pregunta.

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