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“Va y Ven”: ¿el transporte que se ‘Va’?

El “Va y Ven” es modernidad, pero con “Huacho” funciona como reliquia: rutas suspendidas, permanencia de camiones viejos y tarifas infladas. Un sistema que se derrumba mientras el gobierno morenista maquilla la tragedia argumentando que no hay recursos para el subsidio y el Congreso lo hunde con su indiferencia.

En Yucatán, el sistema de transporte “Va y Ven” parece haberse convertido en un experimento de física cuántica: los camiones existen y no existen al mismo tiempo, las rutas están y no están, y los usuarios esperan… y esperan… y esperan. Lo que en 2025 se vendió como la joya de la movilidad moderna, hoy luce, paradójicamente, como un retorno al pasado con tiempos de espera que pasaron de 12 minutos a más de 30 y paraderos destartalados. Una eternidad que convierte cada parada en un purgatorio urbano.
Los problemas operativos son tan evidentes que hasta el Observatorio de Movilidad ya habla de “derrumbe”. Y no es para menos: 43 rutas fuera de servicio, suspensión de recorridos nocturnos y un desfile de mini unidades nuevas que, paradójicamente, permanecen estacionadas como piezas de exhibición. Mientras tanto, los ciudadanos se ven obligados a pagar más por moverse en combis y vans con tarifas infladas un 25%, sin que el servicio mejore ni un ápice. Es el equivalente a pagar por un boleto de avión y terminar viajando en burro.
El gobernador Joaquín Díaz Mena, con la serenidad de quien nunca ha esperado media hora bajo el sol de Mérida, asegura que el sistema “continuará” y que el subsidio se mantendrá. Traducción: el paciente está en coma, pero respira gracias a la máquina. Y claro, los rumores de colapso son “infundados”, porque en la política morenista la negación es la primera línea de defensa.
El Congreso estatal, dominado por la mayoría morenista, tampoco se quedó atrás en la tragicomedia. Rechazaron sin leer —porque, para el morenismo, leer es un lujo innecesario— la iniciativa del diputado Gaspar Quintal Parra, que proponía apoyos tarifarios para madres jefas de familia, descuentos para estudiantes del interior y hasta una aplicación de rutas. Pero ¿para qué pensar en soluciones cuando se puede hundir el barco con más elegancia?
El resultado es un sistema que “Va y Ven”… pero que, al parecer, nunca llegó para quedarse. Un retroceso inaceptable que convierte la movilidad en un lujo y la paciencia en un deporte extremo. Los ciudadanos pagan más, esperan más y reciben menos. Y mientras tanto, los políticos se felicitan por mantener vivo un cadáver con respirador. El “Va y Ven” ya no es transporte: Díaz Mena, Jacinto Sosa Novelo, titular de la Agencia de Transporte de Yucatán (ATY) y la mayoría morenista del congreso estatal han hecho todo lo posible para convertirlo en un monumento al absurdo, un recordatorio de que en Yucatán la modernidad siempre se queda varada en la parada.

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