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Japay y la era del tinaco seco
La reunión vecinal en Ciudad Caucel prometía ser un acto de escucha: vecinos con quejas legítimas por desabasto y baja presión de agua, pero que llegó fue otra cosa: un mitin de cobranza con uniforme administrativo. La escena —funcionario con celular en mano, lista de morosos en la otra— no hace precisamente de la Japay la imagen de una institución preocupada por resolver fallas de servicio.
Que Ciudad Caucel acumule 60 millones de pesos en cartera vencida suena grave y merece atención, pero que el subdirector de Comercialización, Martín Vázquez Pérez, convierta una mesa de diálogo en un pase de lista de deudores, suena a estrategia de distracción. ¿Reunión para escuchar o para amedrentar? El funcionario lo dejó claro: “yo manejo la cartera vencida y Caucel debe 60 millones”, dijo con voz tajante y la lista en mano.
El discurso oficial: tarifas bajas y culpas ajenas
Japay recuerda que la tarifa es bimestral y que Yucatán tiene tarifas “bajas”, y por tanto exige que todos paguen. Es un argumento cómodo: si hay poco dinero, la culpa es del usuario. Mientras tanto, la gente que paga a tiempo sigue recibiendo duchas intermitentes y tinacos que se convierten en reliquias domésticas. La vecina que respondió “nosotros pagamos, a nosotros no nos dan fiado el agua” puso el dedo en la llaga: cobrar es fácil; garantizar el servicio, no tanto.
Cuando el director, Pancho Torres Rivas, acusa a desarrolladores de conectar casas “no oficialmente” a la red, la narrativa cambia de “falta de dinero” a “sabotaje ciudadano y empresarial”. Es una coreografía conocida: primero se señala al otro, luego se pide paciencia y, finalmente, se promete mano dura. Todo muy útil para la foto, menos para que salga agua por la llave.
Política, pretextos y cisternas
Que la paraestatal anuncie medidas de cobro y prohíba descuentos en multas durante el Buen Fin suena menos a gestión y más a cálculo electoral; el calendario y las declaraciones públicas no son inocentes. Y la solución mágica que algunos proponen —la cisterna “barata”— aparece justo cuando la responsabilidad técnica y administrativa debería ser la protagonista. Resultado: era del tinaco seco para muchos fraccionamientos y discursos oficiales que se lavan las manos.
Si la Japay fuera una novela, sería de esas donde el villano se queja de los saqueos mientras guarda el botín en el clóset. Cobrar, amenazar y repartir culpas es más sencillo que reparar redes, atender fugas y responder a usuarios. Mientras tanto, los ciudadanos siguen pagando —o no— y aprendiendo a convivir con la nueva liturgia: llenar el tinaco antes de que oscurezca y rezar para que la próxima factura no llegue con una amenaza de corte. Si la prioridad fuera el agua, la agenda sería otra; pero mientras la prioridad sea la foto y la lista de morosos, la llave seguirá cerrada y la paciencia, agotada.
