Chagas se dispararía en la Península, secuela del cambio climático

Reciente estudio revela que el cambio climático provocará en la Península de Yucatán, en un futuro próximo, un aumento de la enfermedad de Chagas, ya que los insectos transmisores de esta mortal patología tienden a ir al Norte de la región e incluso, instalarse en sitios cuya presencia era nula

El especialista de la Unidad Mérida del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Carlos Ibarra Cerdeña, advirtió la importancia da establecer un programa para la prevención de la denominada “enfermedad de la pobreza”.

Incluso, la problemática se dispararía a corto plazo, ya que en la región existen al menos 180 especies de mamíferos en los cuales se ha registrado la presencia de Trypanosoma cruzi, organismo que provoca el mal.

Comentó que dicho padecimiento es trasmitido al humano por insectos de la subfamilia Triatominae (conocidos como chinches) infectados con el parásito Trypanosoma cruzi, un patógeno endémico del continente americano.

Indicó que se ha identificado que las principales zonas afectadas son las rurales porque las actividades cotidianas de sus poblaciones aumentan su exposición al vector transmisor.

Además porque tienen acceso limitado a un diagnóstico temprano y a tratamiento médico.

Enunció que a futuro, los vectores, en este caso las chinches, podrían aumentar su distribución hacia el norte o a zonas que eran frías y en donde anteriormente no sobrevivían

Por ende, “el cambio climático se puede traducir con el incremento de la frecuencia de transmisión del parásito en las personas”, acotó.

Abundó que existen reportes de por lo menos 180 especies de mamíferos, entre ellos roedores, perros, gatos, y murciélagos, entre otros, en los cuales se registró la presencia de Trypanosoma cruzi.

El investigador del Cinvestav – Mérida se enfoca en estudiar las interacciones entre los vectores que trasmiten el parásito (como la chinche besucona), los mamíferos silvestres o domésticos que actúan como reservorios del parásito y las prácticas socioculturales de algunas comunidades de la Península de Yucatán.

Riesgo y vulnerabilidad

El objetivo del estudio es conocer la magnitud del riesgo en la que están las comunidades indígenas mayas y sus factores más importantes, con el fin de diseñar estrategias de control eficaces para eliminar algunos de los componentes, tal el caso de exposición y vulnerabilidad, que influyen en la epidemiología del Chagas.

Durante el estudio, se encontró que los campesinos de las áreas rurales de Yucatán están expuestos a la picadura de los insectos infectados con Trypanosoma cruzi, al cazar, recolectar leña o cuidar sus parcelas durante la noche.

Comentó que “es información útil en el desarrollo de medidas de prevención, mismas que pueden aplicarse a otras poblaciones rurales del país”.

Señaló que el insecto puede alimentarse de la sangre de mamíferos silvestres o domésticos, también se alimenta del humano y mientras lo hace, defeca en la piel.

En sus heces se aloja el parásito, acotó al expresar que la picadura genera una reacción alérgica y al rascarse, en la piel del afectado, se producen laceraciones, de esta manera el patógeno puede entrar al organismo.

Aunque los habitantes de las comunidades mayas conocen a los vectores y su conducta, desconocen el riesgo provocado por el contacto con los insectos, ya que no tienen información de la presencia del parásito.

Por ende, ignoran las consecuencias de la infección, por lo tanto, es necesario educar a las poblaciones acerca del peligro que conllevan las picaduras de las chinches, en especial porque la enfermedad de Chagas es crónica y sus síntomas más graves, como es el daño en el aparato digestivo, insuficiencia cardiaca que puede desembocar en la muerte, se manifiestan después de 20 o 30 años a partir del contagio.

Acerca de su metodología, el investigador integra diferentes aproximaciones para la generación de datos, con la realización de experimentos conductuales de los insectos, así como estudios de las poblaciones de reservorios silvestres, de la dinámica de infección natural en vectores y mamíferos, y estudios cualitativos con los pobladores a partir de entrevistas o cuestionarios.

Esto último para conocer si sus actividades están relacionadas con el uso de la selva o de los sitios agrícolas, de modo que es posible establecer el grado de exposición a las picaduras de la llamada chinche besucona o “pic”, como se le conoce en Yucatán.

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