Portada
De Ganso a Pirata: la travesía de los frascos falsos
Gobierno de la 1/4T admite haber distribuido medicamentos falsos contra el cáncer en Mérida
¡Qué alivio! ¡Después de semanas de negaciones, titulares y reportajes que no podían ser ignorados, por fin llegó la confirmación oficial! Pero no fue una investigación interna, ni una auditoría milagrosa; fue la prensa internacional la que tuvo que poner el dedo en la llaga para que la Secretaría de Salud reconociera lo evidente: en Mérida se administraron frascos falsificados de Keytruda (pembrolizumab) en el sistema público. Bravo por la transparencia reactiva.
El caso más crudo lo protagonizó Francisco Chávez Valle, paciente del ISSSTE en Mérida, que recibió frascos de los lotes X003479 y Y011745. Tras la aplicación, según su testimonio, sufrió temblores, parálisis total y dolores intensos. No suena a “efecto secundario menor”; suena a una tragedia que, hasta ahora, solo aparece en comunicados oficiales después de que alguien más lo hiciera público.
La investigación —firmada por periodistas de Quinto Elemento Lab, ICIJ, El País y Univision— documenta que 10 instituciones públicas compraron frascos vinculados a ocho lotes que terminaron en alertas de falsificación de COFEPRIS. Y aquí viene la joya: México fue el único de los 30 países investigados donde se detectaron múltiples casos de falsificación dentro del sistema público entre 2022 y marzo de 2026. Un récord que nadie pidió.
La respuesta oficial, publicada en una tarjeta informativa, dice que se actuó “de inmediato”: se suspendió el uso del producto, se notificó y se brindó atención médica. ¡Vaya! ¡Qué eficiente!, Claro, si no fuera porque la “actuación inmediata” llegó después del balconeo público y no antes. También nos recuerdan, con la calma de quien repite un mantra, que “los medicamentos en el sector público son seguros” y que la compra se hizo conforme a la ley. Que estemos tranquilos todos… pero, hasta donde sabemos, la pura legalidad no cura el cáncer.
La FGR tiene registro de al menos 30 casos relacionados con falsificación en cinco años, pero hasta ahora no hay, no hablemos de sentencias condenatorias, una misera carpeta de investigación. Y la indagación periodística documenta al menos un paciente fallecido tras recibir el medicamento falsificado.
¿Responsables? Aún no hay nombres ni sanciones públicas. ¿Transparencia? Solo la que se activa cuando la prensa internacional lo exige.
COFEPRIS, según el comunicado, emitió alertas y activó mecanismos de retiro. Perfecto: alertas y retiros que, por lo visto, no evitaron que frascos falsos llegaran a pacientes. Es como poner un letrero de “peligro” después de que el edificio ya se derrumbó y decir que todo está bajo control.
En resumen, frascos falsos en hospitales públicos; pacientes con daños graves y, en al menos un caso, muerte; investigaciones periodísticas internacionales que desenmascaran la falla; y una respuesta oficial que llega tarde y con el mismo estribillo de siempre: “todo cumple con los estándares”. Si esto fuera una peli, el público ya habría abandonado la sala de cine.
Que quede claro, esto no es una falla menor ni un error administrativo aislado. Es una falla que puso en riesgo vidas humanas y que exige respuestas concretas, responsabilidades claras y, sobre todo, justicia para las víctimas. Mientras tanto, la “seguridad” proclamada desde oficinas centrales suena más a consuelo retórico que a garantía real.
