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En el IDEY no dan pie con bola: Injusticia deportiva en Yucatán
Comparar este caso con dados cargados no es solo una metáfora ingeniosa: es una advertencia.
Cuando el gobierno morenista de Joaquín Díaz Mena permite que la suerte esté amañada, los ganadores reales quedan reducidos a meros extras en una función arreglada. Si queremos que el deporte escolar forme carácter, no que lo desmoralice, hay que dejar de jugar con dados trucados y empezar a respetar lo que se decide en la cancha.
Hay que aplaudir la creatividad del actual gobierno morenista: primero los futbolistas tienen que ganar en la cancha, luego ganar otra vez en la cancha y, al final, el Instituto del Deporte del Estado de Yucatán se inventa una tercera final para que todo quede en familia. ¿Y luego qué? ¿Una tómbola al más puro estilo de Morena? Si esto fuera una obra de teatro, el libreto sería tan predecible que hasta los niños lo abuchearían. Pero no es teatro: los afectados son adolescentes, que ya ganaron trofeos reales y el derecho elemental a que lo que ya se decidió en el campo se respete fuera de él.
El equipo varonil de la secundaria general No. 3, Ermilo Abreu Gómez, ganó el campeonato estatal Ko’ox Báaxal Futsal 5×5 el 20 de marzo pasado, en el Complejo Deportivo Kukulkán, ganando a toda ley el trofeo, las medallas y el pase al nacional en Guadalajara. Días después, el IDEY, les exigió jugar una “final de la final” contra un equipo de la privada Siglo XXI… y volvieron a ganar y recibieron otro trofeo y le dijeron “no ps’ora si, este el bueno”. Pero el director general del IDEY, Mauro Armín Lizama Córdova, cambió de idea como cambia de trusas y el 27 de marzo convocó a los bicampeones de nuevo: ahora exigen una tercera final contra la Escuela Modelo para definir al representante de Yucatán.
Padres y entrenadores, ya fastidiados de tanto abuso, denuncian cambios arbitrarios en las reglas y un claro favoritismo hacia escuelas privadas, pues casos similares sucedieron en Progreso y en la Preparatoria 4 de Cansahcab.
Si la lógica fuera un deporte, aquí estaría descalificada por dopaje. Ganar dos finales y que te sigan pidiendo más partidos es la versión deportiva del “no te preocupes, nosotros te llamamos” —pero con trofeos y sueños de jóvenes en juego. ¿Qué sigue? ¿Un comité que decide el campeón por sorteo, por afinidad y cuatismo o por la marca de las playeras? Cuando la autoridad encargada de la dirección de educación física se convierte en árbitro, juez y guionista, el resultado es previsible: confianza destruida y una sensación de que el torneo no es para premiar mérito, sino para acomodar intereses.
Y si alguien piensa que esto es un accidente aislado, que revise las otras denuncias; las de Progreso y Cansahcab: patrones repetidos no son coincidencias, son señales. Cuando las reglas se cambian después de jugar, el deporte deja de ser competencia y se vuelve teatro de marionetas, con funcionarios moviendo los hilos.
Pero claro, al gobierno del “Renacimiento Maya” y de la “cercanía con el pueblo pobre” las consecuencias para los estudiantes y la comunidad les vale tres kilómetros de tubérculo poblano:
Desmotivación: chicos que entrenaron y ganaron ven cómo su esfuerzo se relativiza por decisiones administrativas.
Desconfianza: padres y entrenadores pierden fe en la imparcialidad de los torneos escolares.
Desigualdad: la percepción de que las privadas reciben trato preferencial erosiona la equidad educativa y deportiva.
Riesgo institucional: la reputación de la dirección de educación física queda en entredicho; la credibilidad no se recupera con comunicados tibios.
No basta con indignarse en redes; hay que exigir transparencia y responsabilidad. Demandamos que se publiquen las bases del torneo, los criterios de clasificación y las actas de los partidos; que cualquier cambio de reglas tenga justificación documentada y consenso; y que los jóvenes no paguen por la improvisación de un gobierno valemadrista. Si la autoridad actúa mal y con dolo, los padres y la sociedad deben presionar hasta que el deporte vuelva a ser lo que debe ser: competencia limpia y respeto por los resultados.
Que un campeonato se decida en la cancha no debería ser una petición heroica; debería ser la regla. Si el Instituto del Deporte del Estado de Yucatán quiere seguir organizando torneos, que empiece por respetar lo obvio: lo que se gana en la cancha se respeta fuera de ella. Todo lo demás es un mal guion que ya aburre. Pero Mauro Armín Lizama, no es malo… es tan maleta que para hacer mal las cosas no da pie con bola y las termina haciendo mal.
