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Va y Ven, el circo sin pista de Díaz Mena

El Va y Ven prometía ser el metro invisible de Mérida: autobuses climatizados, pago electrónico, accesibilidad universal. Una postal de modernidad para presumir en ferias turísticas. Pero bajo Joaquín Díaz Mena, el sistema se convirtió en un circo sin pista: deuda, paros, camiones viejos y usuarios varados bajo el sol.

El agujero negro financiero

El modelo de “pago garantizado por kilómetro” fue un suicidio contable. Vila lo dejó como herencia envenenada y Díaz Mena lo aceptó y lo administró con la gracia de un aprendiz de mago que saca conejos muertos del sombrero. Resultado: déficit anual de $1,800 millones; adeudos de $189 millones a concesionarios y una ATY con deuda de $750 millones.
El transporte del futuro terminó siendo un pozo sin fondo que tragaba dinero público más rápido que los camiones tragaban gasolina.

El retroceso disfrazado de “solución”
Para tapar el desastre, el gobierno morenista de Díaz Mena reincorporó camiones obsoletos, rompió el esquema de pago electrónico y permitió cobros en efectivo. El “sistema inteligente” se volvió un camión de los noventa con aire acondicionado descompuesto.
Los usuarios pasaron de esperar 10 minutos a media hora bajo el sol, mientras los choferes hacían huelga y las rutas se desmantelaban. El Va y Ven dejó de ser transporte metropolitano para convertirse en un Va y Vuelve… cuando quiere.
Huacho intentó salvar la cara con un decreto que eliminaba el pago garantizado. Pero fue como ponerle curitas a un cadáver. El sistema ya estaba hundido. Su administración quedó marcada por la imagen de usuarios varados, concesionarios furiosos y choferes en paro.

El capítulo más grotesco: los 60 minibuses eléctricos “Mini Va y Ven” comprados con recursos públicos, estacionados y oxidados en las centrales de Mérida y Tekax. Pensados para rutas nocturnas y alimentadoras, nunca arrancaron por falta de infraestructura de carga y de voluntad política. Un museo rodante de promesas incumplidas: vehículos nuevos acumulando polvo mientras los usuarios esperan horas en paradas. La ironía es brutal: se presume modernidad en vitrinas, mientras la movilidad real se pudre en patios cerrados.
El Va y Ven pasó de vitrina de modernidad a símbolo del fracaso político: un proyecto que nació con glamour tecnológico y muere como caricatura de improvisación.

El Va y Ven es el Titanic de la movilidad yucateca: zarpó con fanfarrias, se hunde por la soberbia de sus capitanes y dej a miles de pasajeros a la deriva. La historia de su colapso bajo Díaz Mena es la radiografía de una administración que confundió gobernar con improvisar, y que convirtió un sueño europeo en un camión destartalado con cobrador en efectivo.

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