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¡Serena, Morena!

La ruptura de la bancada morenista con la gobernadora Layda Sansores en Campeche se originó principalmente por el rechazo de los diputados a un endeudamiento de $1,000 millones, por acusaciones de presión y de persecución política a manera de vendetta por no haber aprobado ese endeudamiento. Como consecuencia, diez de los 16 legisladores reinstalaron el fuero constitucional para blindarse, debilitando la mayoría oficialista y generando un terremoto político que afecta la gobernabilidad y la cohesión de Morena en el estado.

Layda Sansores buscó aprobar un crédito de 1,000 millones de pesos para el estado, pero la mayoría de los diputados de Morena lo rechazó, considerándolo excesivo y poco o nada justificado. Los legisladores denunciaron que la gobernadora los amenazó con ejercer presión y persecución política contra quienes no respalden sus peticiones. Los diputados argumentaron que “la dignidad no se negocia” y que su deber era apoyar lo que beneficiara a Campeche, no necesariamente las peticiones insensatas del Ejecutivo. Como medida de protección frente a inminentes represalias de la autoritaria y vengativa gobernadora, reinstalaron el fuero para legisladores y servidores públicos, eliminado en 2016.

De los 16 diputados morenistas, 10 rompieron con la gobernadora, debilitando la mayoría oficialista y generando un bloque opositor interno. José Antonio Jiménez Gutiérrez, presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, perdió su cargo en medio de la crisis, reflejando la pérdida de cohesión institucional y de control político. La restauración del fuero y la división interna complican la capacidad de Layda Sansores para impulsar reformas y proyectos, debilitando su margen de maniobra.

Morena exhibe fisuras internas que pueden repercutir en su cohesión nacional. La periodista Denise Maerker, asegura que el regreso del fuero en Campeche no se reinstaló por corrupción, sino por miedo al Estado. Los legisladores buscan blindarse frente a lo que ellos perciben claramente como un uso persecutorio del poder por parte del gobierno de Layda Sansores.

Pero, además, la crisis política más allá de casos individuales, pues la periodista señala que la situación ya no se limita a episodios de persecución contra periodistas o figuras como el exrector universitario, sino que se transformó en una disputa abierta por el poder dentro de Morena.

Esto ya generó un clima de temor a tal grado que, incluso, los opositores hablan con cautela, lo que refleja la presión que ejerce el Ejecutivo estatal sobre el Congreso y la sociedad política campechana. Lo grave para Morena es que lo sucedido tiene implicación nacional, pues lo que ocurre en Campeche es un espejo que refleja con total nitidez las tensiones internas de Morena y de cómo la relación entre gobernadores y bancadas puede fracturarse cuando se percibe un exceso de control o autoritarismo.

La postura de Claudia Sheinbaum de pedir “serenidad y paciencia” muestra que la dirigencia nacional busca contener el conflicto. Sin embargo, si no se logra recomponer la unidad, Campeche podría convertirse en un laboratorio de oposición interna.

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