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Reforma electoral al vapor: blindaje con moño guinda
La “reforma electoral” aprobada al vapor por Morena el 28 de mayo es menos un blindaje democrático que un blindaje partidista: es, evidentemente, un traje a la medida para alargar mandatos judiciales afines al morenismo y abrir la puerta para anular elecciones bajo el ambiguo pretexto de “intervención extranjera”. En nombre de la soberanía, el oficialismo se regaló más poder y menos transparencia.
Lo aprobado el 28 de mayo
Causal de nulidad electoral por “intervención extranjera”, significa, en términos prácticos, que cualquier influencia externa podría ser usada para invalidar comicios. Basta un comentario desde fuera para cuestionar resultados.
La maña oculta del aplazamiento de la elección judicial a 2028 es que jueces y magistrados se mantienen más tiempo en sus cargos, con sospechas fundadas de que se busca asegurar afinidades políticas. Además, la extensión de mandatos en el Tribunal Electoral quiere decir, con peras y manzanas, que magistrados cercanos a Morena podrán permanecer hasta 17 años en el cargo, pese a que la Constitución lo prohíbe expresamente.
Morena nos quiere vender la reforma como un escudo contra el “fantasma extranjero” que acecha las urnas. En realidad, es un candado dorado para sus propios jueces y árbitros electorales, que ahora podrán disfrutar de mandatos dignos de monarquía parlamentaria. Solo quienes no tienen mas de dos dedos de frente pueden creer en el discurso oficialista.
La causal de nulidad por intervención extranjera suena heroica, pero es tan vaga que podría convertir un tuit desde Madrid en un misil contra la democracia mexicana. ¿Qué sigue? ¿Anular elecciones porque un canadiense opinó en Facebook?
El aplazamiento de la elección judicial es otro golpe maestro: más tiempo para jueces alineados, menos oxígeno para la independencia judicial. La prisa con que se aprobó recuerda más a un “fast-track” de autoprotección que a un debate legislativo.
Y la joya de la corona: extender hasta 17 años el mandato de magistrados electorales cercanos al oficialismo. Una hazaña que convierte al Tribunal Electoral en un club privado con membresía vitalicia. Incluso dentro de Morena hubo voces que lo llamaron “vergüenza nacional”. Pero claro, la disciplina partidista pesa más que la Constitución.
Riesgos y consecuencias son evidentes, aunque algunos adoctrinados no lo quieran ver. Empecemos por la ambigüedad legal: la noción de “intervención extranjera” puede ser usada discrecionalmente para invalidar resultados incómodos. ¿Y quién cree usted, mi único lector, que tiene en el bolsillo a jueces y magistrados que “decidirán” lo que sí es “intervención extranjera” y lo que no lo es?
Pero también tenemos un grave debilitamiento institucional ya que alargar mandatos erosiona la rotación y la independencia de jueces y magistrados.
No hay que ser Pitágoras, para entender que la sumatoria de los dos anteriores da como resultado una partidocracia consolidada, pues la reforma refuerza la percepción de que Morena legisla para sí mismo, no para la ciudadanía.
La reforma electoral del 28 de mayo no es un escudo democrático, sino un manual de supervivencia política. Morena la presenta como defensa de la soberanía, pero en la práctica es un blindaje para sus cuadros y un arma para descalificar elecciones futuras. En vez de fortalecer la democracia, la reforma la convierte en un tablero amañado donde el árbitro juega para un solo equipo. Ya vimos que los vaporcitos al vapor, valga la redundancia, son de chipilín… ojalá que el atole pa’ pasarlo no sea amargo.
