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Morenistas acusan simulación interna mientras hacen fila por una candidatura

Los huérfanos del obradorismo también quieren una curul y piden no votar como borregos; ellos, mientras tanto, buscan boleto para la boleta. Quince años después de su fundación, Morena en Yucatán celebró su aniversario con una escena que recuerda a esas reuniones familiares donde todos discuten en que la herencia fue mal repartida, pero cada uno está convencido de que precisamente él merece quedarse con la casa.

Por Consejo Editorial

Durante un desayuno conmemorativo, varios autonombrados fundadores del partido lanzaron duras críticas contra las dirigencias nacional y estatal por los funcionarios recién llegados a Morena y la invasión de ex priistas y ex panistas que hoy ocupan espacios de poder. Y hay que reconocerlo: tienen muchísima razón. Resulta difícil sostener el discurso, y más difícil creerlo, de que Morena representa una ruptura absoluta con el pasado cuando buena parte de sus cuadros provienen exactamente de los partidos que durante años fueron señalados como encarnaciones del viejo régimen.
Las quejas de Eusebio Moo Tec, Alberto Nolasco Sosa y Miguel Candila Noh son demoledoras porque parten de una realidad imposible de ocultar: que los llamados “chapulines” no son una leyenda urbana ni una campaña de la de la ultraderecha facha. Los “chapulines” están ahí,v a plena vista, despachando en oficinas gubernamentales, ocupando candidaturas y apareciendo en las fotografías oficiales. Muchos de ellos llegaron a Morena después de pasar décadas alimentándose de las estructuras del PRI o del PAN que hoy dicen combatir.
También es verdad que el partido que prometió desterrar el dedazo parece haber perfeccionado métodos cada vez más sofisticados para disfrazarlo. Ahora ya no siempre se impone desde una oficina, a veces se hace mediante encuestas misteriosas, sondeos inescrutables y procesos internos tan “transparentes” que nadie sabe quién los levantó, cómo se realizaron o por qué casualmente siempre favorecen a los mismos.

Sin embargo, en medio de tanta indignación moral hay un pequeño detalle que merece atención: todos los oradores que denunciaron el deterioro de Morena, salvo uno, también anunciaron sus aspiraciones para convertirse en candidatos.
Es decir, mientras denuncian que el movimiento ha sido secuestrado por oportunistas, ellos mismos están formados en la fila para obtener una candidatura. Mientras cuestionan la repartición del poder, también levantan la mano para recibir una porción de ese mismo poder. O sea que, mientras critican amargamente la selección de candidatos, esperan ser seleccionados.
Claro, eso no los convierte necesariamente en hipócritas. Los convierte en los grillos que critican.
Porque, una cosa es denunciar que el barco se desvía de su rumbo y otra, muy distinta, es hacerlo desde la comodidad de quien asegura no tener interés alguno en llegar al puente de mando. Aquí ocurre exactamente lo contrario: los inconformes denuncian que el timón está en malas manos mientras dejan perfectamente claro, con lágrimas en los ojos, que ellos estarían encantados de sujetarlo.

La paradoja es fascinante. Los fundadores acusan a los recién llegados de apropiarse del movimiento, pero reclaman porque ellos consideran que son los propietarios originales de la franquicia. Los nuevos son señalados por ambiciosos, mientras los viejos recuerdan puntualmente que también tienen aspiraciones políticas vigentes.
Al escucharlos, uno podría concluir que Morena enfrenta una crisis profunda de identidad. Pero quizás la situación sea mucho más simple: la lucha no es entre buenos y malos, ni entre puros e impuros, ni entre fundadores y chapulines. La verdadera batalla parece ser por quién administra la ventanilla del poder desde donde se reparten las candidaturas.
Y ahí es donde termina la épica revolucionaria y comienza la grilla de siempre.
Porque después de los discursos sobre los ideales perdidos, las traiciones históricas, los estatutos ignorados, los principios abandonados y los pobres olvidados, aparece inevitablemente la pregunta incómoda: si mañana alguno de estos críticos recibe una candidatura por ese mismo método que hoy condena, ¿seguirá denunciando la simulación o descubrirá de pronto las virtudes de la democracia interna? Quizá nunca lo sabremos.

Pero en Morena Yucatán quedó claro que los fundadores tienen razones legítimas para sentirse desplazados. Lo que también quedó claro es que no están peleando únicamente por rescatar el movimiento; también están peleando por volver a ocupar un lugar en él.
Y, como suele ocurrir en la política mexicana, una cosa no necesariamente excluye la otra.

Es cuánto.

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