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Millones para Cuba, migajas para los pacientes mexicanos: el gobierno premia a proveedor que dejó sin medicinas al IMSS

En el México de la Cuarta Transformación sanitaria, los medicamentos pueden faltar, las cirugías pueden retrasarse, los pacientes pueden esperar y los médicos pueden marchar por las calles denunciando desabasto. Lo único que parece llegar puntualmente son los contratos multimillonarios para los proveedores favoritos del régimen.

Por Consejo Editorial

La protagonista de este nuevo episodio de realismo mágico administrativo se llama Neuronic Mexicana, representante de la farmacéutica estatal cubana Biocubafarma, un conglomerado de 48 empresas propiedad del gobierno cubano que ya había sido señalado por la Auditoría Superior de la Federación por entregar medicamentos dañados, pedidos incompletos y productos sin comprobación suficiente. Cualquier gobierno medianamente prudente habría encendido todas las alarmas. Pero no el de Morena. Aquí los antecedentes negativos parecen funcionar como cartas de recomendación.
Pese a ese historial, el gobierno de Claudia Sheinbaum decidió premiar nuevamente a la empresa con diversos contratos dentro de la compra consolidada de medicamentos. Entre ellos figuran los procedimientos AA-12-NEF-012NEF001-I-246-2025, LA-12-NEF-012NEF001-I-59-2025 y AA-12-NEF-012NEF001-I-17-2025, mediante los cuales se le encargó el suministro de medicamentos “tan poco importantes” como el metotrexato, utilizado en tratamientos oncológicos, y la ketamina, anestésico empleado en intervenciones quirúrgicas.

El resultado fue una demostración práctica de lo que sucede cuando la ideología, la burocracia y la impunidad se reúnen en la misma mesa. Hasta agosto de 2026 se habían solicitado más de 17 mil piezas de medicamentos. De ellas, más de 16 mil dosis de ketamina jamás llegaron a los hospitales. Hospitales de referencia nacional como el Centro Médico Siglo XXI, el Hospital Juárez y el Magdalena de las Salinas se quedaron esperando la mercancía como quien espera una promesa de campaña: con mucha esperanza y escasas probabilidades de verla cumplida.
Y mientras faltaba anestesia para cirugías, la empresa sólo entregó una parte del metotrexato requerido para pacientes con cáncer, lupus, psoriasis y artritis reumatoide. Pero seguramente, según algún iluminado burócrata, las células cancerosas deberían haber mostrado sensibilidad política y esperar pacientemente la llegada del medicamento.

Lo verdaderamente extraordinario no es el incumplimiento. Lo extraordinario es que nadie parece sorprendido. El director del IMSS, Zoé Robledo, atribuyó el problema a los proveedores incumplidos. Una explicación entrañable. Es como si alguien contratara por tercera vez al mismo albañil que le tiró la casa encima y luego culpara exclusivamente al albañil cuando reaparece otra montaña de escombros.
Lo más revelador es que la empresa ya arrastraba antecedentes desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Según la investigación citada, entre 2022 y 2023 recibió contratos por alrededor de 111 millones de pesos, después de haber tenido ventas prácticamente insignificantes durante años. Un ascenso meteórico que ni las grandes farmacéuticas internacionales podrían presumir.

La propia Auditoría Superior de la Federación documentó que más de 54 mil dosis de Aminofilina carecían de comprobación de entrega o estaban dañadas. También detectó irregularidades en miles de dosis de Fluorouracilo, utilizado para combatir el cáncer. En un país serio, semejantes antecedentes habrían significado inhabilitaciones, investigaciones y sanciones. En México significaron nuevos contratos.
Tan consentida resultó la empresa que, pese a esas observaciones, recibió posteriormente un contrato directo superior a 109 millones de pesos. El documento fue firmado por funcionarios de Birmex como Sandra Gómez Ríos, Manuel Arizpe Diez Martínez e Ignacio Cruz Zúñiga, además de contar con la autorización de Diana Soto Araballo.
Detrás de la historia aparece también el nombre del general en retiro Jens Pedro Lohmann, exdirector de Birmex, quien según testimonios obtenidos por la ASF habría instruido favorecer a Neuronic Mexicana durante las compras consolidadas. Una versión que ayuda a explicar por qué una empresa que acumulaba observaciones siguió recibiendo contratos como si fuera la joya de la corona farmacéutica nacional.

Mientras tanto, médicos y trabajadores del IMSS han salido a manifestarse en al menos 25 estados del país denunciando desabasto, falta de insumos y condiciones laborales insuficientes. Pero desde Palacio y las oficinas gubernamentales parecen empeñados en convencernos de que los problemas no existen, o que son culpa de alguien más.
Al final, la verdadera pregunta no es por qué Neuronic incumplió. Ya lo había hecho antes. La pregunta es por qué siguieron contratándola. ¿Quién evaluó su desempeño? ¿Quién autorizó los nuevos contratos? ¿Quién decidió ignorar las observaciones previas? ¿Y por qué la empresa sigue sin aparecer sancionada en el padrón correspondiente?

Porque cuando una compañía incumple una vez, el problema puede ser empresarial. Cuando incumple dos veces, el problema es administrativo. Pero cuando sigue recibiendo contratos después de múltiples incumplimientos, entonces el problema ya tiene nombre y apellido: complicidad burocrática disfrazada de política pública.
Y mientras los pacientes buscan medicamentos, los funcionarios buscan excusas. Cada quien administra lo que tiene.
Es cuánto.

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