Mérida
Lastrado por reformas impopulares y un pesado gabinete impuesto, Huacho va en caída libre
Si alguien pensó que la luna de miel de Joaquín Díaz Mena duraría más que un fin de semana largo, la realidad en Mérida y en todo Yucatán llegó con la factura: la aprobación que alcanzó 53.2% al inicio de su mandato, en octubre de 2024, se ha desinflado hasta 45.4% en febrero de 2026. Eso no es una caída; es un despegue fallido hacia la irrelevancia.
Que un gobernador pierda respaldo cinco meses seguidos no es una tendencia, es una costumbre. Una caída libre. En términos escolares, Mitofsky ya nos dijo lo obvio: los 32 gobernadores están “tronados” si la escala mínima para aprobar es 60. Bienvenidos al salón de clases de la política mexicana, donde Díaz Mena no solo reprobó, sino que se sentó en la última banca, no junto a los más malos, sino junto a los maletas.
Los números no mienten: 54.4% de desaprobación y un descenso de 7.8 puntos en 16 meses son más que estadísticas; son la radiografía de una gestión que no convence. En Mérida, donde la percepción sobre servicios básicos como el agua potable, a cargo de la JAPAY, se volvió tema de conversación en colonias como Ciudad Caucel, la política local dejó de ser espectáculo para convertirse en problema cotidiano.
¿La explicación? Puede ser una mezcla de promesas grandilocuentes, comunicación torpe y la inevitable comparación con gobernadores que, por alguna razón, siguen manteniendo el favor ciudadano. Y si miramos todo el contexto, el asunto se pone peor, pues mientras otros gobernadores muy malos, como Mara Lezama y otros, “presumen” cifras por encima del 55–59%, Díaz Mena se queda con el club de los que no alcanzan la medianía. ¡Así de fea la realidad de Huacho y de estrepitosa su caída! La política no perdona la inercia.
Si el objetivo de Joaquín y Morena era consolidar una base sólida antes de la maratón electoral de junio de 2027, la estrategia les falló: el desplome sostenido del trovador del oriente del estado y la posición entre los 10 peores gobernadores son un aviso para Morena en Yucatán y para cualquier asesor que aún crea en las recetas de siempre. El reloj corre, los alcaldes y diputados se elegirán en 2027, y en Mérida la memoria ciudadana parece más despierta que Díaz Mena.
