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La Olmeca, el IAFA, el Tren Maya, la ¼ Transformación y la fábula del burro muerto
Por Melas Peladópulos
Cuentan que un hombre, oriundo de la ciudad de Makuspánides, Tabáskulos, cabalgaba tranquilamente por los caminos de su pueblo cuando, de pronto, su burro cayó al suelo.
Intentó hacerlo levantarse una y otra vez, pero el animal no respondió. Después de revisarlo cuidadosamente, llegó a una conclusión evidente: el burro estaba muerto.
Sin embargo, el hombre no quiso aceptar la realidad. En lugar de bajarse y buscar otra forma de continuar su viaje, decidió hacer algo al respecto.
Primero compró una silla nueva para el burro, convencido de que quizá el problema era la incomodidad. Como no funcionó, adquirió las mejores riendas y aperos del mercado.
Al ver que el burro seguía sin moverse, contrató a un grupo de expertos para que investigaran el caso. Los especialistas elaboraron gruesos informes, celebraron reuniones, analizaron exhaustivamente la situación y tras varios meses concluyeron que el burro seguía muerto.
Entonces el hombre decidió crear una comisión especial para estudiar el informe de los expertos. La comisión trabajó durante un año, gastó abundantes recursos y finalmente confirmó lo que ya todos sabían: el burro continuaba muerto.
Pero como nadie quería admitir el fracaso, se organizaron cursos de capacitación para el burro; se creó una estrategia de modernización del burro; se comparó su desempeño con otros burros muertos para determinar si el problema era realmente tan grave e, incluso, se modificó la definición oficial de “muerto” para demostrar que el burro aún conservaba cierto potencial.
Con el paso del tiempo, el hombre y sus asesores llegaron a una brillante conclusión: el burro no estaba muerto, simplemente tenía un grave problema de motivación.
Por ello aumentaron el presupuesto destinado al proyecto, contrataron consultores adicionales y desarrollaron un programa integral de estímulo para el burro. Naturalmente, nada cambió.
Al cabo de muchos años, después de desperdiciar enormes cantidades de tiempo, dinero y esfuerzo, alguien se armó de valor y se atrevió a decir lo que era evidente desde el principio: “Quizá deberíamos bajarnos del burro.” Y entonces comprendieron la lección.
Moraleja: cuando una estrategia, un proyecto o una política han fracasado de manera evidente, suele ser más fácil inventar explicaciones, crear comités y gastar recursos que aceptar la realidad y cambiar de rumbo, porque muchas veces el problema no es que el burro no avance… el problema es que el burro ya está muerto.
