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Huacho Díaz Mena: eppur si muove

Viri Ríos, ayer 26 de febrero de 2026, hizo lo que algunos temen y otros celebran: puso nombres y fichas sobre la mesa. En su lista de los peores gobernadores de Morena aparece, con letra mayúscula y olor a urgencia, Joaquín Díaz Mena. Según la analista, la gestión del gobernador de Yucatán entró en un proceso de “descomposición” que no es poético ni metafórico: es numérico, frío y contundente.

Los números no perdonan. Mientras que, en promedio, los gobernadores de Morena pierden 0.7 puntos de popularidad por año, los que están en “descomposición” se desploman tres veces más rápido. En el caso de Díaz Mena, la caída es de 4 puntos por año, y el derrumbe comenzó apenas en el segundo semestre de 2025. No es una mala racha: es una aceleración. Y cuando la política acelera hacia atrás, el paisaje huele a promesa incumplida. Y, ahora sí, algo esta podrido, no en Dinamarca sino en Yucatán
Huacho prometió transformación. Es el primer gobernador de Morena en Yucatán; prometió un cambio de época. ¿Resultado?: su sexenio se percibe como una mala copia del de su antecesor, Mauricio Vila (PAN). La ironía es deliciosa: el que llegó a romper con el pasado termina pareciéndose tanto al pasado que los votantes se preguntan si no votaron por un déjà vu con esteroides. Las expectativas de campaña, esas que inflan el globo del entusiasmo, se convirtieron en el mismo globo que ahora pincha la popularidad hasta dentro del mismo movimiento morenista yucateco.

La economía local tampoco hace milagros. Después de una bonanza entre 2021 y 2025, la generación de empleo formal en Yucatán se desplomó. No es un dato menor: cuando la promesa de prosperidad se evapora, la paciencia ciudadana se vuelve ácido. Y en política, el ácido disuelve reputaciones más rápido que cualquier análisis retórico.
No es un fenómeno exclusivo de Yucatán: Veracruz también figura en ese grupo de gobernaturas en descomposición. Pero el caso de Joaquín Díaz Mena tiene un ingrediente extra: la narrativa de la campaña. Prometer una transformación y entregar una versión reciclada del pasado es la receta perfecta para acelerar la putrefacción política. Los votantes no siempre distinguen matices, pero sí notan resultados; y cuando los resultados son menos empleo, menos claridad y más decepción, la popularidad se convierte en un pasaporte con fecha de caducidad.

Si algo enseña este episodio es que la política no perdona la incoherencia entre promesa y entrega. Viri Ríos lo documenta con cifras y fechas: segundo semestre de 2025, caída de 4 puntos por año, bonanza 2021–2025. Son coordenadas que dibujan una trayectoria: no una caída accidental, sino una descomposición acelerada. Y en el teatro público, cuando el actor principal pierde credibilidad, el telón baja antes de tiempo.

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