“Enseñar” a los yucatecos…

LA VISIÓN DE CARONTE

Por Miguel II Hernández Madero

Desde la década de los ochenta, del siglo pasado, se incrementó la migración hacia Yucatán; personas provenientes de otras partes del país encontraron en Mérida un nuevo sitio para vivir y eso trajo una variedad de costumbres, maneras de hablar, conductas y gastronomía, entre otras cosas.

Pero esta no era la primera migración que ocurría. Ya en el siglo XIX y principios del siglo XX había ocurrido, por ejemplo, cubanos, chinos, coreanos, libaneses, quienes fueron integrándose a la sociedad yucateca, enriqueciéndose mutuamente, haciéndose aún más característico el castellano que se habla en Yucatán, que en sí mismo tiene una cadencia y ritmo heredado del maya.

Las migraciones desde mediados de los ochenta trajeron cambios culinarios, antes de eso era muy raro que se celebrara la Noche Mexicana en estas tierras, o que se comiera pozole, pues aquí ese término es para una bebida, o se pidieran sopes, garnachas, tlacoyos o nopalitos, eso eran comidas de las que se escuchaba hablar en la televisión.

Pero ha habido cambios y poco a poco se escuchan otros términos, lo cual no es extraño, pero lo que a muchos yucatecos nos puede llegar a incomodar es el afán de que nos pretendan corregir en cómo nombramos algunas cosas con las que hemos crecido y pretenden enseñarnos que están mal dichas.

Quizá sea cosa de la edad. Ya envejezco, pero que me disculpen aquellos que dicen que está mal que yo llame a pozole a la bebida hecha de masa de maíz, a veces acedo, con chile o con azúcar, en vez de decirle “pozol”, para diferenciarlo de su platillo consistente en carne de puerco en trozos con granos de maíz.

Pero no queda ahí, a los salbutes les llaman “salbute”, al caimito le dicen “cayumito”, al nance le dicen “nanchen” o “nanche”, en vez de necesitar ellos “ocupan”, en vez de jurar ellos “prometen”, o le ponen trocitos de manzana a la cochinita pibil.

Y no es que esto sea malo, sólo es diferente, es fruto de sus usos y costumbre, lo que incomoda a los nacidos en estas tierras es que pretenden “enseñar” la manera correcta de decir o hacer, ¿y cuál es esa manera correcta? ¡Exacto! Como ellos lo dicen o acostumbran (desde su perspectiva).

Nuestra gastronomía y nuestras costumbres son muy ricas, fruto de la fusión prehispánica y castellana, así como de los elementos que se fueron integrando con las migraciones más recientes. Los mayas adaptaron siempre las cosas que les pudiera ser de provecho, no sólo copiaban, ese mismo espíritu emprendedor lo seguimos viendo y, lo más importante, existe el celo por preservarlo, aunque muchos lo desconozcan y quieran imponer otras costumbres. Esto incluso vale en las campañas políticas, como se ha visto campaña tras campaña.

Yucatán, es una región muy particular, tanto en el idioma, como en las costumbres y maneras de expresarse. Ojalá que los cambios naturales por el tiempo no ahoguen los valores y riqueza cultural del estado.

Hasta la próxima…

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