El fraude, aunque se vista de asamblea, fraude se queda

Por Alfonso Pliego Santos

El contexto
Este fin de semana, los días sábado 30 y domingo 31 de julio, habrán de llevarse a cabo “Asambleas distritales” del partido Morena en los 300 distritos electorales del país. Lo que desde un inicio marca un desatino, al menos conceptual o al menos de nombre, pues la definición más sencilla sobre lo que debe ser una asamblea es “Reunión de un grupo formado por miembros de una organización que se juntan (periódica o extraordinariamente) para tomar decisiones sobre un tema(s) de interés de dicha organización, pero que tiene como elemento consustancial la deliberación” al menos de un tema con el que se concita a dicho grupo. Por supuesto que las asambleas pueden ser públicas o privadas, pero aún estas últimas pueden llegar a ser abiertas a la escucha o escrutinio de público interesado.

Es entonces que lo que sucederá este fin de semana –aunque tenga el llamativo e inclusivo nombre de “Asamblea”— es un proceso de elección para consejeros distritales, no así “asambleas”. Y es así, pues no habrá posibilidad alguna de que los posibles asistentes esgriman argumento alguno, solamente podrán tener derecho –siempre y cuando lleven un formato, el enésimo, de afiliación/ratificación de pertenencia morenista, así como copia de su credencial de elector y su original para cotejo— para poder recibir un par de boletas para sufragar por una mujer y por un hombre de un listado previamente acordado por una “junta de notables” (o como dicen otros más suspicaces: negociado de manera oscura y antidemocrática entre grupos de poder de ese partido).

En efecto, las elecciones –que no asambleas— se realizarán en medio de una serie de cuestionamientos y violaciones a diversas normas estatutarias, o al menos que ponen en entredicho el sentido de verticalidad ética que debiera ser eje característico de un organismo que dice llamarse de Regeneración Nacional. Pues desde que se emitió la convocatoria eso permitió la inscripción de cientos, tal vez miles de militantes, que de buena fe (algunos no tanta) animosamente se anotaron.

No obstante, fue esa “comisión de notables” que bajo ciertos criterios (que no terminan de entenderse), pues “rasuraron” a mujeres y hombres no sólo de demostrable antigüedad militante, sino de sobrada probidad moral y mística partidista, además de reconocido trabajo y presencia entre las bases en ese partido-movimiento, y que no aparecieron en la lista de candidatos; pero apareciendo eso sí:
presidentes municipales, diputadas locales en funciones, consejeros “eternizados” e incompetentes, personal de la Secretaría de Bienestar, así como conocidos incondicionales de diversos funcionarios público y un amplio número de operadores políticos (mejor conocidos como mapaches o acarreadores provenientes del priismo, pero también del panismo yucateco).

Es decir, que quienes determinaron los posibles candidatos(as) a ser elegidos en “Asambleas distritales”, tuvieron criterios muy disímbolos para elaborar las mentadas listas. Pero sumado a eso, en este ejercicio de elección interna mucha de esa militancia (un gran número recién afiliado sobre las rodillas con tal de engrosar las filas de posibles votantes) tendrán que desplazarse en algunos casos cientos de kilómetros para poder asistir a alguna de las casillas ubicadas estratégicamente (pero no para favorecer, sino para entorpecer la asistencia de la militancia de base de Morena a las urnas).

Para citar el caso yucateco: el distrito 5, comprende 34 municipios, pero es de los que tendrá “mas” casillas: ¡tres! Que se ubicarán en los municipios de Umán, Ticul y Tekax. En el caso de los distritos 1 (35 municipios) y el 2 (36), sólo habrá dos en cada distrito (Valladolid y Tizimín, en el primer caso; y Progreso y Kanasín en el segundo). No está por demás reiterar las dificultades de traslado, distancia y economía de la militancia de base.

Pero además, la convocatoria, señala como motivos de sanción el traslado de electores… ¡cuando son de la base!, pues se están documentando una serie de prácticas como la disposición de autobuses para el traslado de personas, con el añadido de promesas de apoyos económicos y en especie a los acarreados, perdón, sufragantes, por parte de personas ligadas a posiciones de poder como el delegado de Bienestar en el estado: Joaquín Díaz Mena (Huacho); de la senadora Verónica Camino Farjat; y del desde hace poco tiempo “autoerigido precandidato” a gobernador Rogerio Castro, así como varios operadores políticos de extracción priista.

Fraude es fraude, por más que lo acicalen

Ahora bien, la mera presunción no puede evidenciar o constituir prueba alguna de fraude o violación de los principios durante este proceso electoral disfrazado de asambleas, porque deben acreditarse con elementos certeros. Es verdad que las autoridades electorales no puede actuar de forma discrecional ni pueden, por vía interpretativa, asumir de manera presuntiva violaciones de principios, es por eso que la militancia DEBE de hacer acopio de todo tipo de pruebas documentales de este proceso que a cada momento da visos de ser un ejercicio de convalidación de una negociación llevada en las alturas palaciegas y que se aleja de una elección verdaderamente democrática.

Como se trata de una elección, el sufragio debe ser libre, secreto y directo y NO SE PUEDE COARTAR el derecho de militante alguno, mucho menos de personas invidentes o aquellas que no saben leer y/o escribir, pues TIENEN DERECHO de ser apoyadas por una persona de su absoluta confianza. Estos principios que rigen el ejercicio del voto ciudadano en cualquier elección constitucional tienen que ser todavía más protegidos de manera efectiva y permanente por un partido que dice ser promotor y garante de la llamada Cuarta Transformación de la vida pública de México, pues cualquier reducción o vulneración de los derechos de su militancia afectaría directamente la validez del resultado electoral.

El principio de libertad de sufragio es constitucionalmente protegido y es determinante para el sistema democrático que con mucho trabajo estamos construyendo en este país vilipendiado por el cochupo, el fraude, el tráfico de influencias, el servilismo político, el lucro con las necesidades de la gente y que con mucha mayor razón, fuerza y ejemplo lo debería de impulsar el instituto político que se pone como paradigma de las nuevas formas de hacer política en nuestro país, puesto que las elecciones, las que sean, sirven para resaltar la voluntad plena de los ciudadanos para decidir por la opción política que mejor consideran.

No habría que olvidar tampoco que un valor del Estado democrático es la posibilidad de que los ciudadanos ejerzan sus derechos políticos de forma libre; es decir, sin promesas de pago de ninguna especie, supeditación de servicios o canonjías, acarreos o promesas diversas. En ese sentido, la libertad en el sufragio se ve vulnerada mediante la coacción directa como está apareciendo y denunciándose en múltiples formas por militantes y ciudadanos.

El voto es una consecuencia de un ejercicio libérrimo de elegir entre varias opciones, el sentido de la elección adquiere forma, nombre y sentido cuando la decisión del votante es un acto íntimo que emana de su libertad racional, no hacerlo, obligarlo, conducirlo, “orientarlo” es antes que nada un acto soberbio de desprecio a la dignidad humana, y eso, desde mi punto de vista, es lo más detestable de lo que se está presentando en este proceso electivo pomposamente llamado “Asambleas distritales”.

Efectivamente, el principio de libertad de sufragio se quebranta mediante la realización de acciones coercitivas, con elementos intimidatorios o de promesas o intercambios, en los que se advierte que el sentido del voto se define por motivo de esos actos; por ello hago un llamado a todo participante de los ejercicios del sábado 30 y domingo 31 a documentar y denunciar cualesquiera de estas violaciones, pues ello acreditaría la violación de principios y, en consecuencia, se materializaría en la invalidez de los comicios.

Insisto, debe de documentase al menor y mejor detalle, pues la acreditación de los agravios es un factor esencial y determinante para la concreción de la invalidez y no la mera presunción. No hay que olvidar que el fraude electoral es una o más maniobras engañosas para lograr cambiar resultados en comicios, resultados que serían distintos sin esas intervenciones ilícitas. Pero tampoco hay que olvidar que el fraude electoral no se da solamente durante la jornada comicial, sino que tiene su preparación (un antes), y se sigue ejecutando en la propia elección (durante), o en los conteos y/o traslados de los paquetes electorales (un después).

El fraude no es un fenómeno menor y no sólo es privativo de los llamados partidos neoliberales, sino que la oligarquía está muy interesada en penetrar y desvirtuar a Morena y descarrilar el proceso de la Cuarta Trasformación, proceso que apenas gatea en este México tan saqueado por esa bola de rapaces que hoy quieren seguir haciendo más de lo mismo agazapados en Morena. El fraude es algo que debemos de erradicar porque es un cáncer que ha lastimado la historia de nuestro país por decenas de años.

Cambiar para no cambiar nada

Pero tampoco hay que ser ingenuo y se señale con dedo flamígero a los prianistas como únicos culpables, en Morena hay una serie de “militantes” que son un lastre, un ejemplo de la desfachatez, la omisión, el encumbramiento para no hacer nada, gente que poco le importa la gente de base o cambiar el partido, el estado y el país. Ahí están como muestra el Comité Ejecutivo Estatal, sin brújula ni plan de acción, ni propuestas de trabajo mínimo; vaya ni siquiera es capaz de informar debidamente a su militancia de la organización, sedes y demás información necesaria para llevar a cabo las “asambleas distritales” del domingo 31.

Ahí están también una serie de “consejeros” incompetentes y abusivos que no han hecho nada en casi 7 años y aún tienen el descaro de volverse a postular. Unas elecciones amañadas, fraudulentas este domingo además de que desprestigiarían la vida social y política de Morena lo harían con la imagen del país. Si no se pone un alto este fin de semana, la clase política simuladora no querrá hablar de él, pero lo seguirá utilizando, pues los resortes del antiguo régimen se niegan a ser modificados para ahora trasladarse a un partido que nació para combatir esos vicios.

La torpeza y cortedad de miras de la clase política prefiere mantener el poder inmediato antes que permitir la construcción de un proyecto transformador como el que platea la 4T, fundamentalmente con nuevas y verdaderas reglas democráticas. Esa clase política simuladora, al servicio de las oligarquías, miente y pretende esconder sus verdaderos objetivos, sus intereses, pero ya son tan burdos que están a la vista de cualquier militante medianamente informado. Sin embargo, persisten en los métodos de siempre: la mentira, el cochupo y lucrar con la necesidad de la gente para acceder y/o mantenerse en el poder.

Que no quepa duda: todo fraude electoral implica dolo, engaño, simulación, manipulación, voluntad deliberada de cometer una conducta anti estatutaria (por tanto ilegal, ilegítima y en consecuencia antijurídica) para obtener beneficios de poder y causar daños a otros y a la sociedad en su conjunto- El fraude electoral entraña la violación dolosa de los principios fundamentales esgrimidos en la Declaración de principios, en el Programa (Por qué luchamos) y en los Estatutos, pero especialmente lastiman la libertad y la autenticidad del sufragio en un partido que pretende erradicar esas prácticas de la vida pública de México. Alcanzar un triunfo de todos esos tránsfugas, serviles y oportunistas con ese tipo de conductas es Ilegitimo y va en detrimento no sólo de la militancia de Morena, sino del partido mismo, y peor aún, va en contra de la sociedad mexicana en su conjunto.

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