Connect with us

Portada

El Chapulín Coloreado (de guinda) llega a Morena… y se llama Liborio Vidal

Liborio Vidal llegó a Morena como el auténtico Chapulín Colorado de la política yucateca: brincó del PRI al PAN y ahora al partido en el poder, jurando que siempre estuvo del mismo lado.

Mientras miles construyeron Morena desde abajo, él apareció cuando la mesa ya estaba servida. “No contaban con mi astucia”, parece decir al presentar cada cambio de camiseta como un acto de convicción.

Porque algunos siguen ideologías; otros simplemente siguen la ruta hacia donde está el presupuesto, los reflectores y las candidaturas.

Por Consejo Editorial

Durante años, la política mexicana nos ha regalado personajes memorables. Algunos por sus convicciones, otros por su coherencia y unos cuantos por su extraordinaria habilidad para aparecer exactamente donde sopla el viento más favorable. En esta última categoría parece haberse inscrito ahora Liborio Vidal Aguilar, quien ha decidido tocar la puerta de Morena con una sonrisa humilde, una carta emotiva y una biografía política capaz de recorrer más colores que una tienda de pinturas.

Lo curioso no es que llegue a Morena. En la política mexicana ya casi nada sorprende. Lo verdaderamente fascinante es la narrativa épica que acompaña el desembarco. Según nos cuenta el propio Liborio, sus convicciones del 2006 jamás lo abandonaron. Lo que sí abandonó, al parecer, fueron únicamente los partidos donde esas convicciones decidieron hospedarse temporalmente. Primero aquí, luego allá, después más adelante. Como si las ideas viajaran en transporte público cambiando de ruta cada vez que aparece una mejor conexión.

Y es aquí donde inevitablemente surge la comparación con el más grande héroe de la televisión mexicana: El Chapulín Colorado… o Coloreado, mejor dicho. Porque, seamos honestos, Liborio parece haber adoptado aquella legendaria filosofía chapulinesca del “síganme los buenos”. El detalle es que en cada episodio suyo los buenos parecen estar en distinto partido. En un capítulo aparece vestido de priista y en el siguiente como panista. Ahora lo encontramos enfundado en los colores guindas proclamando que siempre estuvo del lado de la transformación.
“¡No contaban con mi astucia!”, podría exclamar mientras exhibe su credencial recién registrada en Morena.

La diferencia es que el Chapulín llegaba a rescatar a los indefensos. En cambio, Liborio parece especializarse en rescatarse a sí mismo de la incómoda situación de quedarse del lado equivocado de la historia electoral.

Su carta asegura que acepta lo que la militancia decida. ¡Qué noble gesto! ¡Qué admirable desprendimiento! ¡Qué conmovedora demostración de humildad política! ¡No queda duda que Liborio es más noble que una lechuga! Claro que la verdadera prueba habría sido realizar semejante acto de fe cuando Morena era una fuerza marginal y no el partido dominante del país. Porque abrazar una causa cuando está ganando no siempre es ideología; a veces simplemente es cálculo con mejor mercadotecnia.
También afirma que llega como un ciudadano más. Nada más.

Un ciudadano cualquiera que fue diputado federal, secretario estatal, operador político y figura relevante en diversos gobiernos. Exactamente el tipo de historial que todos los ciudadanos comunes acumulan mientras hacen fila para pagar el recibo del agua.

Pero acaso la parte más enternecedora del relato es aquella donde asegura que su casa política está donde están las causas sociales. Una frase tan flexible que podría sobrevivir a cualquier cambio de partido durante los próximos veinte años. No importa quién gobierne, quién gane o quién pierda; siempre existirá una explicación noble para justificar el siguiente salto.

El Chapulín Colorado tenía su Chipote Chillón. La política mexicana tiene algo más efectivo: el brutal golpe de la amnesia selectiva. Esa extraordinaria capacidad para presentar cada mudanza política como un acto de heroísmo moral y no como una operación de supervivencia.

Mientras tanto, los militantes de Morena que dedicaron años a recorrer colonias, tocar puertas y construir estructuras cuando el movimiento enfrentaba derrotas y burlas, observan cómo siguen llegando conversos de última hora que aseguran haber sido creyentes desde siempre. Es como si alguien apareciera en el minuto 89 de una final de fútbol para reclamar parte del campeonato.

Y así, entre declaraciones de amor eterno a la transformación, recuerdos cuidadosamente del 2006 y promesas de humildad, Liborio Vidal aterriza en Morena, con todo y su escudo en forma de corazón.

No montado en el Caballo de Troya.
No en el Tren Maya.

Sino en una vieja antenita de vinil roja… ¡perdón! … nueva antenita de vinil guinda
Porque si algo ha demostrado la política mexicana es que el Chapulín Colorado nunca desapareció. Simplemente dejó de usar mallas rojas y aprendió a cambiar de uniforme según la temporada.
Y, una vez más, parece dispuesto a recordarnos que no contábamos con su astucia. Aunque quizá, a estas alturas, ya todos la conocemos demasiado bien.

Es cuánto.

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Advertisement

Copyright © 2023 Grupo Editorial Tu Espacio del Sureste.