¿Dónde quedó la bolita en Valladolid?

LA VISIÓN DE CARONTE
Por Miguel II Hernández Madero

El Centro Histórico de Valladolid fue “estrangulado” desde el viernes en la tarde y hasta el domingo, cuando los taxistas de las cuatro agrupaciones bloquearon el acceso, en protesta por unas concesiones dadas por la Administración Estatal a unas cuantas personas para que trabajen en la ciudad del oriente y eso puso en evidencia la falta de tacto del Gobierno del Estado, la falta de capacidad de negociación del alcalde Enrique Ayora Sosa y el oportunismo político de algunos personajes que quieren posicionar su imagen antes de tiempo.

Valladolid es un punto importante en la geografía yucateca. Gobernada desde hace dos trienios por Morena, se trata de un municipio con potencial, pero que se ha quedado en eso: “potencial”, donde incluso festejan que les den reconocimientos “emergentes”, como si fuera la cúspide, en vez de trabajar para consolidarse.

El viernes las agrupaciones de taxistas bloquearon el Centro Histórico y rodearon el Palacio Municipal, inconformes con que hubiese nuevas concesiones para personas ajenas a alguna de las uniones del volante. Su demanda era clara: o se cancelan o se les obliga a afiliarse a alguno de los “sindicatos”.

Lo malo no fue que hubiesen bloqueado las calles, sino que además suspendieron el servicio en toda la ciudad y causó perjuicios a buena parte de la población, pues no se cuenta con un servicio eficiente de transporte urbano y los taxis son la alternativa para llegar a tiempo al trabajo, escuela o para desplazarse por cualquier circunstancia.

Así se vivió una situación semiparalizada…, los líderes de taxis lo sabían y por eso presionaron al Alcalde, quien respondió deslindándose del problema y achacando todo al Gobierno del Estado.

En realidad Ayora Sosa, el alcalde de Valladolid, no podía desautorizar o cancelar las concesiones, pero sí podía ser mediador, viajar con los representantes del volante a Mérida y presionar en la capital del estado, en vez de encerrarse y lavarse las manos.

Pero las cosas no quedaron ahí. De inmediato personajes de diversos partidos criticaron el actuar de Ayora o de Vila, según fuera el color de su camiseta. En realidad no se estaba defendiendo ideología alguna, sino que se estaba aprovechando el escenario puesto para buscar algo de reflectores. ¿Y los ciudadanos? Bien, gracias.

Por el lado de la Administración Estatal, al gobernador parece no importarle nada. Emite o avala disposiciones sin cuidar las formas, ya sea aumentando impuestos, o dando concesiones sin hacerlo de manera transparente. ¿Ignora que su partido, o al menos el partido que lo postuló (PAN), siempre usó como bandera la autonomía municipal? En Yucatán era recurrente en los discursos que mencionaran el artículo 115 Constitucional, alegando que los municipios tenían el derecho de regirse de manera autónoma.

Pero todo eso se olvida, o se ignora. Lo ocurrido en Valladolid puede replicarse en otros municipios si no se tiene cuidado y en el año preelectoral, sería campo propicio para fomentar la inconformidad en una u otra dirección, sin importar el rumbo, pues será un escenario privilegiado para quienes quieran ponerse la camiseta de redentores y cubrirse con la capa de héroes o con el manto de luchadores sociales.

Ojalá que ya las autoridades y los representantes populares, pongan los pies en la tierra y en realidad piensen en el bienestar social de Yucatán.

Hasta la próxima…

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