Portada
Deuda pública de Yucatán: el salto millonario y la ilusión de la austeridad
Hasta hace apenas unas horas, el gobierno de Yucatán presumía que la deuda estatal había bajado un microscópico 0.43% en el primer trimestre de 2026. Una reducción tan ridícula que apenas alcanzaba para presumir un titular:
39 millones menos en 90 días. Pero la fiesta duró poco. Con la aprobación de un nuevo crédito por 1,500 millones de pesos, la deuda se disparó a 10,501 millones 453 mil pesos. La supuesta disciplina financiera se evaporó en un pestañeo.
Cada yucateco, más hipotecado
La población de Yucatán es de 2 millones 513 mil 461 habitantes. Antes del nuevo préstamo, cada ciudadano debía $3,581.29. Hoy, gracias al entusiasmo crediticio del gobierno, la cifra subió a $4,178.41 por persona. En otras palabras: cada yucateco amaneció con casi 600 pesos más de deuda personal sin haber firmado nada.
El menú de créditos
La deuda estatal ya no es un menú degustación, es un buffet de acreedores:
• Banamex (Yucatán Seguro): $2,420 millones 893 mil.
• Banobras (tres refinanciamientos): $2,153 millones 850 mil.
• BBVA México (Puerto de Progreso): $1,742 millones 774 mil.
• BBVA México (Ie-Tram): $1,683 millones 936 mil.
• Banobras (Profise, seguridad): $306 millones 932 mil (fuera del conteo oficial).
• Nuevo crédito 2026: $1,500 millones.
Los plazos eternos
La mayoría de estos préstamos vencen entre 2043 y 2044. Es decir, los yucatecos seguirán pagando estas deudas durante casi dos décadas. El nuevo crédito también se financiará con participaciones federales y fondos de infraestructura y seguridad, como si fueran una chequera infinita.
El gobierno presume responsabilidad financiera mientras firma cheques que comprometen a generaciones enteras. La narrativa oficial habla de “inversión en infraestructura” y “fortalecimiento de la seguridad”, pero la realidad es que cada ciudadano carga con una mochila de deuda que crece más rápido que cualquier obra pública. La austeridad, en Yucatán, es un mito tan frágil como el discurso que la sostiene.
La deuda pública de Yucatán ya no es un problema contable, es un monumento a la hipoteca del futuro. Cada nuevo crédito es un recordatorio de que la política estatal se financia con la paciencia —y el bolsillo— de los ciudadanos.
