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Clara Rosales convierte el mercado en set de campaña sucia
Lo que se presentó como un gesto de cercanía de la diputada Clara Rosales en los mercados Lucas de Gálvez y San Benito, en realidad responde a una estrategia de campaña sucia. No se trata de escuchar a los locatarios, sino de fabricar un escenario de abandono para golpear políticamente a Cecilia Patrón Laviada.
En política, nada es casualidad. La diputada Clara Rosales no fue a los mercados Lucas de Gálvez y San Benito a comprar jitomates ni a platicar con los huaracheros sobre técnicas de cuero. Fue a montar un teatro. El guion estaba escrito: mostrar abandono, exagerar filtraciones, dramatizar ventas bajas y, sobre todo, colocar a Cecilia Patrón como la villana que “presume modernidad” mientras “abandona la economía popular”.
La escena es de manual: recorrer pasillos con cámaras detrás, escuchar quejas legítimas, pero usarlas como munición, y salir con la frase lista para redes sociales. No hay gestión, no hay propuesta, no hay recursos federales que bajen a los locatarios. Solo hay propaganda disfrazada de “escucha ciudadana”.
La narrativa es clara: se exageran problemas reales —como filtraciones o ventas bajas— para responsabilizar al Ayuntamiento y, por extensión, a la precandidata panista. El recorrido no fue espontáneo ni ciudadano, sino un acto calculado con cámaras y discursos listos para difundir en redes sociales. Se busca instalar la idea de que “Mérida presume modernidad, pero abandona su economía popular”, cuando en realidad los mercados han recibido inversión en infraestructura y programas de apoyo que no se mencionan porque no convienen al guion.
El problema no es que los mercados tengan carencias —las tienen, como cualquier espacio público—, sino que se conviertan en utilería electoral. Los locatarios, que deberían recibir soluciones, fueron reducidos a actores secundarios en una campaña sucia cuyo objetivo es golpear a Cecilia Patrón.
Porque claro, en tiempos de guerra política, hasta el kilo de pescado se convierte en proyectil. Y lo que se vende no son huaraches ni artesanías, sino la narrativa de que “el Ayuntamiento no escucha”. Una narrativa fabricada, repetida y difundida con la urgencia de quien no busca resolver, sino destruir.
La diputada morenista no acudió a proponer soluciones ni a gestionar recursos federales, que es su función. Fue a documentar quejas y a utilizarlas como munición política. Los locatarios, legítimamente preocupados por sus ventas, fueron instrumentalizados en una puesta en escena que pretende debilitar la imagen de Cecilia Patrón.
En suma, más que un acto de solidaridad, la visita de Clara Rosales fue un montaje electoral: un intento de convertir los mercados en trincheras de propaganda, disfrazando campaña sucia de “escucha ciudadana”.
