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Angélica Araujo Lara, con la solemnidad de quien cree que la memoria colectiva es un accesorio opcional

Angélica Araujo Lara, con la solemnidad de quien cree que la memoria colectiva es un accesorio opcional, se atrevió a declarar, en un podcast, que “Morena es el mejor equipo”. Qué ternura: la misma política que escaló hasta la alcaldía de Mérida y el Senado gracias al PRI ahora se presenta como fan número uno del club guinda. Es como ver a un exjugador del América jurando amor eterno a las Chivas… y esperando que nadie recuerde las fotos con el uniforme anterior.
La ironía es que Araujo no llegó a esos cargos por obra y gracia de Morena, sino por la maquinaria priista que la impulsó en Yucatán. Hoy, con un PRI reducido, resulta cómodo renegar del pasado y vestirse con la camiseta guinda, como si el currículum político pudiera editarse con Photoshop.
Y mientras tanto, su comadre Ivonne Ortega Pacheco guarda un silencio estratégico. Claro, ¿qué puede decir alguien que también cambió de bandera, del PRI a Movimiento Ciudadano, con la misma naturalidad con la que se cambia de peinado? Ambas representan la versión yucateca del reciclaje político: primero se alimentan del sistema que dicen combatir y luego se reinventan como adalides de la “nueva política”.
Lo que Araujo llama “el mejor equipo” no es más que la misma liga de siempre: políticos que saltan de un color a otro según la temporada, convencidos de que la ciudadanía tiene memoria de pez. El problema es que los votantes sí recuerdan, y nosotros también, y cada vez que alguien proclama fidelidad absoluta a su nuevo partido, la hemeroteca se encarga de exhibir la contradicción.
La Araujo puede gritar que Morena es el mejor equipo, pero su historial priista la delata. Y su comadre Ortega, calladita, confirma que en la política yucateca la lealtad partidista dura lo que un ciclo electoral. El “mejor equipo” no existe: lo que hay es un campeonato de oportunismo donde las jugadoras cambian de camiseta según quién pague la taquilla. Para tener la lengua larga, hay que tener la cola corta, doña Angelica.

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