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¡Al bote!
Mientras en Yucatán el salario mínimo se convierte en un chiste de mal gusto que apenas alcanza para un día de frijoles, hay quienes parecen haber olvidado que la realidad no es un video de Instagram. Mientras miles de familias yucatecas hacen malabares para que la semana termine sin que falte la comida, el director del Instituto de Desarrollo Regional y Municipal de Yucatán (Inderm), Roger Aguilar Arroyo, decidió que el domingo era el día perfecto para recordarles a todos, con la cara más dura de la historia, quién manda en la isla de la impunidad.
Por Consejo Editorial
No fue una donación discreta, ni un acto de humildad. Fue un despliegue de soberbia tan craso que hasta el sol se habría puesto de lado por vergüenza. “El Zorro” Aguilar Arroyo, el mismo funcionario que se pasea por las redes sociales presumiendo una vida de “magnate” a bordo de un lujoso bote, nos regaló una lección de cinismo que ni los guionistas de telenovelas podrían inventar. “Bonito día de pesca con la familia, un día bien aprovechado de sol a sol”, escribió, con esa naturalidad de quien nunca ha tenido que contar los pesos para llegar al fin de mes. “Vamos a descansar que mañana es lunes y a chambear duro de nuevo”, añadió, como si “chambear duro” significara navegar en aguas cristalinas mientras la gente en tierra firme se rompe la espalda por unos cuantos billetes.
La ironía es tan densa que se podría cortar con un cuchillo. ¿”Chambear duro”? Por favor. Decir eso desde la cubierta de un yate, después de pasarse el día bajo el sol (que, curiosamente, no es el mismo que quema la piel de los trabajadores), es una mentada de madre directa a la dignidad de todo un estado. Es como si un banquero que se robó la caja fuerte le dijera a un mendigo que “trabaja duro” cada vez que pide una moneda. La pregunta que queda flotando en el aire, más pesada que el humo de la pipa de un millonario, es obvia: ¿De dónde salió el dinero para esos gustitos, Aguilar Arroyo? ¿Acaso el sueldo de director del Inderm incluye un bonus por “ser millonario” o fue el mismo “sueldo honesto” que, según él, no es suficiente para la pobreza del estado?
Pero la historia no termina en el mar. Porque Roger no es un personaje que apareció de la nada, como un hada madrina con un bote de lujo. Es un personaje que arrastra un historial de denuncias y juicios abiertos por transa y malversación de fondos cuando fue alcalde de Motul. Dejó las arcas del municipio desvalijadas, y en lugar de estar rindiendo cuentas en la celda más fría de la cárcel, hoy despacha como alto funcionario del gobierno estatal. ¿Y cómo es posible que un saqueador de fondos públicos pueda navegar tranquilamente en alta mar? Muy fácil: porque tiene padrino.
El gobernador Joaquín “Huacho” Díaz Mena, quien llegó con la promesa de cambiar las cosas y de luchar contra la corrupción, prefirió proteger a su compadre. Le dio un hueso en el Inderm y le puso un escudo de impunidad para que la justicia no lo toque. “Huacho” no llegó a cambiar nada; llegó a premiar a los señalados por corrupción y a pagar favores políticos con el dinero de los yucatecos. Es la misma vieja historia, pero con un nuevo disfraz. Los de Morena, que se llenaron la boca hablando de “austeridad” y “cambio”, terminaron saliendo peor que los de antes. No solo se enriquecen con el dinero público, sino que tienen la soberbia de exhibirlo en internet para reírse de la gente que apenas tiene para comer.
Roger Aguilar Arroyo representa lo peor de la política: un funcionario acusado de desviar dinero que hoy navega tranquilamente amparado por el gobernador. Es un insulto para todo Yucatán. La gente no se los va a perdonar. Porque no hay bendición de Dios que tape semejante desfachatez. No hay “sol a sol” que justifique la burla. La moneda está en el aire, y no es la de un día de pesca, es la de un sistema que se ha vuelto tan corrupto que la vergüenza ya no existe.
Y mientras tanto, el gobernador sigue mirando hacia otro lado, como si el bote de su compadre fuera solo una ilusión óptica. Pero la realidad es otra: la pobreza se acumula, la corrupción se multiplica y la gente se cansa. Porque cuando un funcionario te dice “a chambear duro” desde un yate, lo que realmente te está diciendo es que tu trabajo no vale nada, que tu pobreza es tu culpa y que su lujuria es su derecho. Y eso, amigos yucatecos, es la verdadera monda que se nos viene encima.
Es cuánto
