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Abre el ropero, abuelita

#Yucatán #Morena #Huacho ll
Huacho Díaz Mena acumula dos años de gestión con 26 renuncias, crisis en energía y agua, y caída en su aprobación. Se atribuye el desastre a falta de liderazgo, un gabinete mediocre y recursos insuficientes, además de escaso apoyo de Sheinbaum. Crece la posibilidad de un interinato como salida para corregir el rumbo, citando precedentes históricos. Apropiación de obras ajenas, promesas incumplidas (hospital O’Horán, energía), y decisiones que dañaron servicios como Va y Ven y Japay. Se cuestiona su coherencia y patrimonio personal; la promesa de no endeudar al estado está rota y la confianza ciudadana se ha desplomado.

Por Consejo Editorial

Balance de desastre
Si alguien pensó que gobernar Yucatán era un paseo por la playa, Huacho Díaz Mena llegó para demostrar lo contrario con estilo. Dos años después de jurar transformar el estado, el saldo es una colección de tropiezos: 26 renuncias en su gabinete, crisis en energía y agua, caída en la aprobación y una desconfianza social que ya no se cura con discursos. No es solo mala suerte; es una administración que parece diseñada para acumular escándalos.

Diagnóstico sin anestesia
La receta del desastre tiene tres ingredientes básicos: falta de liderazgo, un gabinete de mediocridad profesional y presupuesto insuficiente. Pero la guinda del pastel es la ausencia de respaldo político real. Cuando la presidenta no solo deja de aplaudir, sino que empieza a anotar en su libreta, el problema deja de ser local y se vuelve terminal.

Mentiras, apropiaciones y fiascos
El manual de errores incluye intentos de apropiarse de obras ajenas como el Puerto de Altura de Progreso, promesas rotas sobre energía para la península, y declaraciones públicas que se desmoronan horas después, como el episodio del huracán Milton. El nuevo hospital O’Horán pasó de ser la joya del sureste a un ejemplo de promesa vacía: falta de medicamentos, personal y equipamiento. El transporte público Va y Ven, que la gente apoya, fue maltratado por decisiones improvisadas. Mientras tanto, dependencias clave como Japay y Protección Civil se convierten en bombas de reputación.

El ego y la billetera
Prometió no endeudar al pueblo y se paseó por la campaña como el humilde hijo del puerto. Hoy aparecen ranchos, tierras y una narrativa de riqueza “familiar” que no cuadra con la autobiografía de mesero humilde. La coherencia entre palabra y acto se ha evaporado. Si además necesita del PAN para conseguir un crédito de 1,500 millones, la máscara de integridad queda hecha trizas.

Interinato como salida razonable
La historia de Yucatán ya conoce interinatos que corrigieron rumbos. Frente a la acumulación de mentiras, errores y desconfianzas, la renuncia y un interinato no son derrota sino remedio. Sacrificar el ego por la gobernabilidad suena a madurez que aquí brilla por su ausencia. Si la prioridad es la calidad de vida de los yucatecos, lo sensato es preparar la transición y dejar de improvisar catástrofes.

La neta del planeta
Endeudarse para tapar agujeros de gestión no es solución; es trampa. La promesa incumplida de no endeudar al pueblo y la sensación de que el dinero se perderá en manos ajenas han matado la confianza. Lo saludable para Yucatán es que Huacho Díaz Mena dé un paso al costado y que se instale un interinato que recupere rumbo, credibilidad y, sobre todo, sentido común.
Es cuanto.

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