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El tercer año del Renacimiento… de la ineptitud y los pendientes
Por Consejo Editorial
Por fin llegó el tercer año de gobierno morenista de Joaquín “Huacho” Díaz Mena. Dos años después de su arribo al Palacio de Gobierno bajo la promesa del “Renacimiento Maya”, Yucatán parece vivir una experiencia más crítica: el renacimiento de los problemas que siguen ahí, cómodamente instalados, mientras los discursos oficiales avanzan más rápido que las soluciones.
La administración presume inversiones millonarias, ampliaciones portuarias, proyectos ferroviarios, hospitales, programas sociales y una larga lista de anuncios que llenarían varias ediciones del Diario Oficial. El problema es que, cuando el ciudadano sale a la calle, aborda un autobús o escucha las pésimas noticias, descubre que la realidad tiene la mala costumbre de no leer las buenas en los boletines gubernamentales.
En materia de seguridad, el gobierno insiste en que Yucatán sigue siendo uno de los estados más seguros del país. Quizá por eso ha tenido que reforzar operativos, blindar fronteras y redoblar estrategias ante hechos violentos que hace apenas unos años eran extraordinarios y hoy generan preocupación pública. La paradoja es fascinante: todo está tan bien que hay que reforzarlo constantemente para evitar que deje de estar bien.
Luego está el caso del Va y Ven, ese sistema que alguna vez fue presentado como la joya de la movilidad moderna y que hoy parece disputar el campeonato estatal de las explicaciones interminables. Para el gobierno, la culpa es del modelo heredado; para los usuarios, el problema es el servicio que utilizan todos los días. Y mientras unos hablan de kilometrajes garantizados y otros de unidades insuficientes, los pasajeros siguen esperando que algún día el debate político llegue a la parada correcta.
Durante años, Morena construyó buena parte de su discurso político atacando el endeudamiento público. Sin embargo, hoy el gobierno de Díaz Mena enfrenta cuestionamientos precisamente por impulsar financiamientos que, según sus defensores, serán destinados a infraestructura estratégica, agua potable, vialidades y servicios básicos.
La explicación oficial es que la deuda es manejable, necesaria y responsable. Los ciudadanos, en cambio, observan cómo un gobierno que llegó prometiendo administrar mejor los recursos termina recurriendo a financiamientos por alrededor de 1,500 millones de pesos para atender rezagos históricos. El argumento puede ser válido. Lo que resulta más difícil de explicar es por qué la deuda era una tragedia cuando la solicitaban otros y ahora es presentada como una herramienta de desarrollo. La coherencia, al parecer, también enfrenta problemas de abastecimiento.
Y precisamente ahí aparece otro de los grandes pendientes: el agua. La JAPAY continúa enfrentando enormes desafíos relacionados con infraestructura envejecida, fugas, presión insuficiente en diversas zonas urbanas y una demanda creciente derivada de la expansión poblacional de Mérida y su zona metropolitana. El problema no es nuevo, pero tampoco existe la percepción de que haya sido resuelto. Lo que sí existe es la promesa de invertir más recursos para corregirlo. Una vez más, el remedio está anunciado; la solución definitiva sigue en construcción.
Tampoco ayuda que el gabinete haya parecido una temporada de reality show administrativo. Entradas, salidas, relevos, ajustes y reacomodos han alimentado la percepción de un gobierno que aún busca encontrar la alineación titular cuando ya inició la segunda mitad del partido. A estas alturas, algunos funcionarios duran menos que las promesas de campaña.
Y si la promesa era una transformación profunda, la integración de personajes provenientes de antiguos gobiernos priistas y panistas terminó convirtiéndose en uno de los ejercicios más creativos de reciclaje político observados en años recientes. El cambio llegó, sí, aunque por momentos resulte difícil distinguir exactamente qué fue lo que cambió.
En el frente económico tampoco todo son aplausos. Los propios organismos empresariales reconocen avances, pero advierten que siguen pendientes asuntos fundamentales como la infraestructura, el saneamiento, la energía, la atracción de inversiones y la generación de empleos mejor remunerados. Traducido al español cotidiano: el motor está encendido, pero varios testigos del tablero continúan prendidos. Particularmente preocupante es el tema energético. Mientras Yucatán aspira a convertirse en un polo industrial de primer nivel, empresarios reconocen que la autosuficiencia energética sigue siendo una asignatura pendiente. Es decir, se proyecta un futuro de crecimiento acelerado mientras todavía se buscan respuestas para garantizar la electricidad que dicho crecimiento necesitará.
Así inicia el tercer año de Huacho Díaz Mena: con obras importantes en marcha, anuncios ambiciosos, apoyo federal y una narrativa optimista; pero también con cuestionamientos sobre seguridad, transporte, estabilidad administrativa, infraestructura y desarrollo económico que distan mucho de estar resueltos.
El gran reto para el gobernador ya no es prometer el Renacimiento Maya. Eso ocurrió hace tiempo, el desafío ahora es demostrar que dicho renacimiento existe fuera de las conferencias de prensa, los informes de gobierno y los espectaculares. Porque después de dos años, la pregunta ya no es qué recibió de sus antecesores, la pregunta es qué va a hacer con lo que todavía no ha podido resolver.
Y el tercer año, políticamente hablando, suele ser el momento en que se terminan las excusas y empiezan las cuentas. Es cuánto.
