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México baila ridículo mientras se hunde en la ignorancia

México acaba de firmar su acta de defunción educativa en la prueba PISA (Programme for International Student Assessment) 2025: 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. El promedio general, 403.3, es el peor de la historia y coloca al país en el sótano de la OCDE. Siete de cada diez estudiantes no alcanzan el nivel mínimo en matemáticas y apenas medio punto porcentual logra niveles de excelencia.

Pero esto no nos sorprende, porque mientras los números ya exhibían retrocesos, la funcionaria Ana María Prieto Hernández decidió que la mejor respuesta era un baile ridículo en un evento oficial, durante una conferencia vespertina de la SEP en Palacio Nacional el 16 de agosto de 2023. Porque claro, cuando los adolescentes no saben resolver problemas básicos, lo lógico es montar un espectáculo de TikTok institucional. El mensaje fue y es claro: la SEP no enseña, entretiene.
Mario Delgado Carrillo, un político convertido en secretario de Educación Pública por Claudia Sheinbaum, ha demostrado que su gestión es tan eficaz como un paraguas roto en huracán. Bajo su mando, México cayó a su peor promedio histórico en PISA. Su legado es un sistema educativo que funciona como guardería electoral, más preocupado por no estorbar al calendario del fútbol que por formar ciudadanos capaces de leer y entender un contrato o resolver una ecuación.

El gran proyecto ideológico de Marx Arriaga, la Nueva Escuela Mexicana, se vendió como revolución pedagógica por parte del morenismo y la 1/4T. En la práctica, es un catecismo político disfrazado de manual escolar: no enseña, pero bien que ideologiza. Resultado: retroceso de diez años en matemáticas y lectura, con libros que enseñan más consignas ideológicas que competencias. La ironía es brutal: mientras el discurso oficial presume “inclusión y pensamiento crítico”, los datos muestran que los estudiantes mexicanos apenas pueden identificar la idea principal de un texto o resolver operaciones básicas.

México no solo reprobó la prueba PISA, la convirtió en un espectáculo tragicómico: una funcionaria bailando, un secretario inútil y un ideólogo obsesionado con adoctrinar. El resultado es un país donde los jóvenes no saben matemáticas, pero sí coreografías oficiales; no comprenden lo que leen, pero sí memorizan consignas al estilo de “¡Muera el PRIAN!”; “Prensa chayotera” o “Facho”. La educación mexicana hoy es un performance político, y los estudiantes, víctimas involuntarias de un sistema que prefiere el show y el adoctrinamiento al conocimiento.

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