Connect with us

Portada

El discurso de la “herencia maldita” es la coartada favorita de los gobiernos morenistas

#Nacionales ll El discurso de la “herencia maldita” es la coartada favorita de los gobiernos morenistas: un conjuro verbal que pretende convertir la incompetencia en épica revolucionaria. El equivalente político de culpar al perro por haberse comido la tarea: un truco barato, repetido hasta el cansancio, que pretende disfrazar la incompetencia con un aire de victimismo histórico.

Cada vez que un problema se les desborda —inseguridad, deuda, corrupción, servicios públicos colapsados— aparece la frase mágica, como si fuera un exorcismo político: “No es culpa nuestra, es la herencia maldita”.
La frase de la “herencia maldita” ha sido utilizada por los políticos, sus fieles seguidores y hasta por sus gatilleros de la pluma, como un argumento falaz para clausurar debates incómodos: funciona como un punto final prefabricado que evita discutir soluciones reales. En lugar de responder con datos, propuestas o autocrítica, se lanza la muletilla como si fuera un sello oficial que invalida cualquier reclamo ciudadano. Es el equivalente político a decir “no hay nada más que hablar” y retirarse del ring, dejando la discusión en un limbo donde el pasado es culpable eterno y el presente se absuelve por decreto. Punto.

El truco es tan viejo como la política misma, pero Morena y los morenistas lo han elevado a categoría de dogma. En campaña, sus candidatos prometen que acabarán con esas herencias, que tienen la fórmula para limpiar el país de los males incubados por el PRI y el PAN. El ciudadano escucha promesas de redención, de un futuro distinto. Pero una vez en el poder, la narrativa se recicla: lo que antes era problema a resolver se convierte en excusa para no resolver nada.

El resultado es grotesco: un gobierno que se vende como “transformador” pero que se comporta como víctima perpetua. La “herencia maldita” es el equivalente político a culpar al vecino por la basura en tu casa, aunque tú ya sabías que estaba ahí cuando pediste las llaves. Es un discurso que busca blindaje mediático, mantener viva la identidad de lucha contra la “mafia del poder” y evitar que la oposición capitalice las crisis actuales.

El problema es que la muletilla ya no convence. La ciudadanía recuerda que esas herencias estaban en la agenda de campaña, que se prometió resolverlas. Escuchar la misma cantaleta después de años en el poder suena a disco rayado, a estudiante flojo que promete estudiar “mañana”. La gente votó esperando soluciones, no sermones sobre el pasado.

En el fondo, la “herencia maldita” revela la fragilidad de un proyecto que depende más de slogans que de políticas públicas. Es un espejo incómodo: refleja que el poder no se ejerce con planes, sino con excusas. Y mientras los problemas siguen creciendo, el gobierno se aferra a culpar fantasmas.
La ironía es brutal: Morena llegó al poder prometiendo ser el antídoto contra las herencias del pasado, y terminó administrando esas mismas herencias como si fueran patrimonio cultural. La transformación se reduce a un cambio de narrador, no de historia. El ciudadano, mientras tanto, ya no compra el cuento: sabe que lo que se prometió como solución terminó siendo la coartada perfecta para no resolver nada.
La “herencia maldita” es un disfraz retórico de la incapacidad. Un recurso tan gastado que ya ni siquiera da lástima; apenas provoca risa amarga, como ver a un político que tropieza una, y otra, y otra vez, con la misma piedra… y todavía culpa a sus antecesores por haberla dejado ahí.

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Advertisement

Copyright © 2023 Grupo Editorial Tu Espacio del Sureste.