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“Ni una excusa más” que suena a cheque en blanco

Si alguien pensó que la frase “Ni una excusa más, señor gobernador” era un llamado a la responsabilidad, se quedó corto: en boca de Álvaro Cetina suena más a consigna publicitaria que a fiscalización. Es la misma retórica que exige resultados mientras firma el permiso para endeudar al estado por 10,800 millones como si fuera una receta infalible para la prosperidad inmediata.

Por Consejo Editorial

Desmontando el eslogan con hechos simples: “La gente quiere resultados” — Traducción práctica: queremos ver obras hoy, aunque las paguen nuestros nietos mañana. Resultados visibles no son sinónimo de resultados responsables; “Cada peso tiene que llegar a la gente” — Excelente lema para la foto en redes. Menos convincente cuando el voto que aprueba el préstamo no exige mecanismos reales para que ese peso llegue y se rinda cuentas por 15 años; y “Si hay recursos, habrá responsabilidad” — Bonito en teoría; en la práctica, la responsabilidad no se activa por decreto. Se construye con proyectos ejecutivos, auditorías vinculantes y comités que no desaparezcan al terminar la inauguración.

Las excusas que Cetina crítica y las excusas que acepta
Cetina denuncia excusas del gobierno por la falta de agua, luz o empleo. Perfecto. Ahora, ¿por qué su bancada avala un crédito que no resuelve la raíz de esos problemas y que, además, financia tecnología con vida útil menor al plazo del préstamo? Criticar excusas y aprobar soluciones improvisadas es la definición política de hipocresía eficiente.

Falacias presupuestales en versión PAN: urgencia = crédito inmediato. No siempre. A veces urgencia exige reordenar prioridades, no endeudamiento masivo.
Recursos disponibles implican obligación de gastar. No: implican obligación de gastar bien. Autorizar 10,800 millones sin proyectos ejecutivos es como firmar un cheque sin ver la factura.
¿Culpar al pasado exime del presente? Si la infraestructura heredada es un problema, la respuesta responsable es un plan de inversión escalonado y transparente, no un préstamo que maquilla la falta de planeación.

Lo que Cetina pudo exigir y no exigió
En lugar de limitarse a consignas, el dirigente panista podría haber exigido: proyectos ejecutivos desglosados, auditoría externa previa al desembolso, fideicomisos con reglas claras y recortes reales al gasto corriente antes de tocar la deuda. No lo hizo. Eligió la foto del “exigente” y la firma del “responsable” en el mismo acto.
Decir “Ni una excusa más” mientras se aprueba un préstamo de 10,800 millones es como gritar por orden y luego aplaudir la factura. Si la política fuera coherencia, este episodio sería un manual de lo contrario: retórica de combate a las excusas y práctica de aceptación de atajos financieros. Al final, la exigencia permanente que proclama Cetina suena menos a vigilancia ciudadana y más a contrato de confianza con letra chica. Y la letra chica, como siempre, la pagaremos los que no votaron la foto.

Es cuánto.

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