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Pisté exhibe el fracaso del Tren Maya

El Tren Maya fue anunciado como una obra que traería progreso y bonanza económica a la región… pues una de dos: nos mintieron o lo hicieron muy mal. Cualquiera de las dos cosas es muy malo para las comunidades mayas pues el Tren Maya registró un saldo negativo de $2,283 millones en el primer trimestre de 2026, con pérdidas que crecieron 44% respecto al año anterior y un agujero operativo promedio de $25.3 millones diarios; mientras tanto, en Pisté la obra no trajo turistas al corredor artesanal sino un nuevo paradero que los dejó fuera del mapa.

Para Morena, el INAH y Cultur, Chichén ni siquiera es patrimonio cultural, es folclore de donde ordeñan recursos; para las familias de Pisté es supervivencia. El viejo parador obligaba al visitante a cruzar el corredor artesanal; el nuevo CAVI y la estación del Tren redibujaron el flujo desde un escritorio en CDMX y el turista ahora baja, entra por la puerta nueva y nunca pisa el pueblo. O sea, no hubo un estudio, no hubo diseño, no hubo consulta… solo fue ocurrencia.

Por un lado, está la contabilidad que ningún morenista quiere ver y mucho menos mostrar: solo en el primer trimestre de 2026 los ingresos por boletos y servicios fueron $119 millones, frente a gastos por $2,402 millones; la diferencia explica por qué el proyecto necesita subsidios masivos y porque necesitan cobrarles esas tarifas a los artesanos mayas. ¡Urge sacar dinero, de donde sea!

Y claro, como el dinero ni es de Morena, ni es de AMLO, ni es de la Sheinbaum, sino de nosotros, pues el gobierno proyecta inyectar $30,744 millones en subsidios y apoyos para mantener a flote la obra. Si esto fuera una empresa privada, sería la temporada donde se declara en bancarrota y despide, por pendejo, al que proyectó y mandó a construir la obra.

¿Fracaso técnico o desastre planificado?
El Tren Maya no ha generado mas que pérdidas crecientes y ningún beneficio a las comunidades rurales y mayas. Defender el Tren Maya hoy es como querer venderle chiles a Herdez: puedes intentarlo con mucha labia, pero los números te devuelven el frasco todavía lleno. No hace “clinch” la caja.

Aunque la narrativa oficial apunta al transporte de mercancías para alcanzar el punto de equilibrio en 2030, economistas y análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) apuntan a tres problemas críticos que dificultan que la carga “salve” las finanzas del tren:
El sobrecosto sepultó el Retorno de Inversión (ROI): Para recuperar una inversión inflada de más de 550,000 millones de pesos, el volumen de carga requerido tendría que ser monumental. Ninguna corrida financiera privada o de prefactibilidad lógica proyecta que las industrias de la península (principalmente turística y agrícola ligera) generen tal cantidad de mercancía.
Infraestructura de carga inexistente: Las vías se inauguraron optimizadas para pasajeros. Desarrollar las espuelas de conexión a industrias, los patios de maniobras y las terminales intermodales (como la conexión al Puerto de Progreso) requiere miles de millones de pesos en inversiones adicionales que no se contemplaron en la corrida original.
El subsidio permanente: El director de la empresa estatal admitió que ni a máxima capacidad el sistema de pasajeros alcanzará el punto de equilibrio. Esto significa que el negocio de carga no solo tendría que generar utilidades para mantenerse a sí mismo, sino para absorber el boquete financiero eterno que deja el traslado de personas.

Financieramente, el Tren Maya no opera bajo una lógica de rentabilidad privada o comercial, sino como un proyecto de rentabilidad social subsidiado. La corrida financiera real indica que el Tren Maya continuará nos seguirá costando miles de millones de pesos anuales a los contribuyentes durante las próximas décadas, y el tren de carga operará únicamente como un amortiguador para reducir el tamaño del subsidio, no para eliminarlo. Eso siempre y cuando el tren de carga, a diferencia del de pasajeros, no sea otra ocurrencia mas y tampoco funcione.

Si el proyecto necesita subsidios por decenas de miles de millones y pierde más de 25 millones diarios y tienes a toda una comunidad muy molesta porque en lugar de beneficiarles les perjudica, entonces no es un problema de comunicación: es un proyecto que no funciona en la práctica y que, además, rompió el tejido económico de comunidades como Pisté. Para avanzar, los artesanos organizados por el Concejo Indígena de Gobierno de Pisté Chichén Itzá, necesitan resultados con números en mano, no mesas de diálogo que solo sirven para ganar tiempo. Por cierto, me pregunto si la presidente, sin “A”, hablará de esto en su próximo informe.

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