Connect with us

Portada

Pintar monumentos para llevar ante el juez feminicidas: la alquimia que convierte el aerosol y el vandalismo en justicia… al menos en los discursos feministas

Qué curioso: en México parece que hemos descubierto la fórmula mágica para acabar con el feminicidio… ¡rayar puertas y prenderles fuego a monumentos y camiones! Porque claro, si la violencia estructural se sostiene en siglos de patriarcado, corrupción y simulación política, nada como un aerosol y una gran fogata en la fachada del monumento a la bandera para que todo cambie de la noche a la mañana.

El argumento de que “quemar y romperlo todo” es la respuesta para solucionar un problema de procuración de justicia suena tan convincente como creer que el grafiti en las piedras va a resolver, en un abracadabra, las carpetas de investigación, por asesinatos de mujeres, que duermen en las fiscalías. Es la lógica del espectáculo: mientras la violencia contra mujeres y hombres en Yucatán y México se cuentan por cientos, las feministas nos quieren vender la idea que el problema es exclusivo de ellas y que se va a resolver porque dejaron la estatua de Felipe Carrillo manchada. Y ahí están el gobierno y los fiscales, “indignados” por la pintura, pero perfectamente cómodos con la sangre.

La idea de que vandalizar visualiza y, por tanto, resuelve el problema es un consuelo barato, una catarsis que se vende como estrategia política. Como si la pintura morada y verde en los cascos de las policías fuera más efectiva que un sistema judicial que funcione. El sarcasmo es inevitable: ¿de verdad creemos que el patriarcado va a temblar porque alguien escribió “México feminicida” en una pared? El patriarcado imaginario de las feministas se ríe en sus propias mentes, y los verdaderos responsables -gobiernos y fiscalías- mandan a limpiar los obeliscos de Paseo de Montejo y siguen contando cadáveres sin importar que sexo
tengan entre las piernas o como se autoperciban.

Quienes defienden estas acciones confunden visibilidad con solución. Sí, las pintas llaman la atención, pero atención no es justicia. Por ejemplo, incendiar un camión de prensa no convierte a los periódicos amarillistas en medios éticos; solo les da más material para victimizarse y vender más ejemplares. Es como querer apagar un incendio con gasolina.

En conclusión, la rabia es legítima, pero el argumento de que vandalizar es la vía para resolver la violencia es tan endeble como las promesas presidenciales de “no simulación”. La furia puede ser motor de protesta, pero no estrategia de transformación. Porque si la solución fuera tan simple como grafitear paredes, México ya sería un paraíso feminista desde la marcha de la diamantina.

Continue Reading
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Advertisement

Copyright © 2023 Grupo Editorial Tu Espacio del Sureste.