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Rocha Moya: de entrada por salida

Rubén Rocha Moya volvió a la gubernatura de Sinaloa el 21 de agosto de 2026, tras 112 días de licencia por las investigaciones de la FGR sobre presuntos vínculos con “Los Chapitos”. Con discurso solemne, aseguró que regresaba con la “frente limpia y en alto”. Un día después, el 22 de agosto, pidió otra licencia indefinida. Sí, duró menos en funciones que un meme en TikTok.
El gobernador de un día
Rubén Rocha Moya se convirtió en el primer gobernador exprés de la historia moderna: regresó con fanfarrias, discursos de honorabilidad y hasta frases de mártir político… para renunciar otra vez al amanecer siguiente. Un regreso tan fugaz que ni alcanzó a calentar la silla del despacho.
“La frente limpia, pero la agenda sucia”
El libreto fue perfecto: viernes: “Regreso con la frente limpia y en alto”; sábado: “Me voy porque Sinaloa y la nación están por encima de todo”. En otras palabras: la frente limpia, pero la agenda llena de polvo político.
Sheinbaum y Morena: el deslinde exprés
El timing fue brutal. Rocha volvió y en cuestión de horas Claudia Sheinbaum lo desautorizó públicamente, recordándole que el interés del país está por encima de caprichos personales. Morena, que días antes firmaba cartas de apoyo, ahora presionaba para que se volviera a ir. El respaldo duró menos que un trending topic.
El narco como fantasma permanente
Aunque la FGR lo exoneró en México, las acusaciones de Estados Unidos por vínculos con “Los Chapitos” siguen flotando como nube tóxica. Rocha insiste en que todo es “patraña de la ultraderecha”, pero su regreso y salida inmediata parecen más un acto de supervivencia política que de inocencia comprobada.
En Sinaloa ya no gobierna Rocha, gobierna la licencia permanente. El Congreso se convierte en agencia de viajes: cada vez que Rocha pide licencia, designa interinos como si fueran suplentes de un equipo de fútbol. Rocha Moya no es gobernador de Sinaloa, es gobernador de sí mismo. Regresa para el aplauso, se va para evitar el abucheo. Y mientras tanto, los sinaloenses tienen que acostumbrarse a que su mandatario dure menos en funciones que un fin de semana largo.