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¿Ponerse la camiseta ciudadana o la de la militancia color guinda?

En el O’Horan ya la llevan puesta; faltan manos, insumos y voluntad

Por Consejo Editorial

El gobernador Joaquín Díaz Mena pide a los trabajadores del hospital O’Horan que “se pongan la camiseta”. Qué ternura: como si la crisis de salud pública se resolviera con discursos motivacionales de pasillo.
Los médicos respondieron con ironía: “Camisetas nos sobran, lo que falta son manos”. Y vaya que tienen razón. Porque mientras el gobernador juega al cheerleader institucional, los especialistas sobreviven con 10 mil pesos a la quincena y encima deben llevar sus propias herramientas. ¿Eso no es ponerse la camiseta?

Los oncólogos donan insumos para biopsias, las enfermeras cargan agujas y medicamentos de su bolsillo, los trabajadores sociales recogen ropa para pacientes en condiciones precarias, y el personal de limpieza dobla turno cinco días seguidos. Pero claro, lo importante es la foto del gobernador con su discurso de motivación barata.
La administración del O’Horan sabía desde hace semanas que el hospital funciona con menos personal del mínimo indispensable. Sabía que los contratados renunciaron al descubrir la desorganización y la exigencia absurda de atender más de 30 pacientes por persona. Sabía que el sueldo prometido era un espejismo. Y aun así, la solución oficial es pedir que se “pongan la camiseta”.
¿Qué sigue, señor gobernador? ¿Que los médicos lleven también el estetoscopio y la bata con el logo color guinda de su administración? ¿Que las enfermeras hagan colecta para comprar camas nuevas y así demostrar “compromiso”? ¿Que los pacientes donen su ropa limpia para que usted pueda presumir que “la salud avanza”?

La camiseta ya está puesta, sudada y rota de tanto esfuerzo. Lo que falta es que la administración se la ponga de verdad: que garantice insumos, personal suficiente y condiciones dignas. Porque pedir sacrificio a quienes ya cargan con todo es más que cinismo: es un insulto.
En el O’Horan no faltan camisetas, faltan manos, medicinas y voluntad política. Y si el gobernador quiere hablar de compromiso, que empiece por quitarse la camiseta guinda, y dejar de usarla como disfraz, y ponerse él la camiseta ciudadana.

Es cuanto.

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