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Paloma Sánchez exhibe la impunidad: Inzunza sepultado bajo carpetas de casos sin resolver en Sinaloa

La senadora priista Paloma Sánchez convirtió la sesión del Senado en un espectáculo de escarnio político. Al terminar su intervención, colocó carpetas con expedientes de homicidios y desapariciones directamente en el escaño del “exmorenista” Enrique Inzunza, exhibiéndolo como símbolo viviente de la impunidad sinaloense. El gesto fue tan teatral como devastador: un senador rodeado de papeles que representan miles de vidas truncadas, incapaz de articular una defensa convincente.

La acción tuvo un efecto inmediato. Sánchez no se limitó a acusar con palabras, sino que materializó la violencia en documentos, obligando a Inzunza a sentarse frente a la evidencia. La oposición celebró la escena como un triunfo, mientras Morena quedó atrapada en una narrativa rota: las cifras de reducción de violencia se desmoronaban frente a los expedientes que hablaban de 3,172 homicidios, 4,125 desaparecidos y 174 menores asesinados en apenas dos años de gobierno morenista en Sinaloa.

El contraste fue brutal. Sánchez emergió como una estratega que entiende el poder de la imagen política, mientras Inzunza quedó reducido a un burócrata impotente, atrapado en un archivo de desgracias que lo ridiculiza más que cualquier discurso. La política mexicana rara vez ofrece momentos tan gráficos: aquí, la impunidad se volvió visible, tangible e imposible de ignorar hasta para los morenistas y sus cifras maquilladas.
Lo que hizo Paloma Sánchez fue transformar un debate en un juicio sumario. Inzunza quedó sentado frente a las pruebas de su presunta complicidad, sin necesidad de un tribunal. La escena ya es un ícono: el senador rodeado de carpetas, símbolo de un sistema que acumula expedientes en lugar de justicia.

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