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Muy desafinado: el informe que informa… nada

En Yucatán, parece que los informes de gobierno ya no son para rendir cuentas, sino para rendir culto. Joaquín Díaz Mena presentó su primer informe con la solemnidad de quien cree que las cifras oficiales son más convincentes que la realidad misma. Y claro, para eso están los aplausos, los videos y los eslóganes: porque cuando los datos no cuadran, siempre queda el recurso del “optimismo oficial”.

El diputado Gaspar Quintal Parra, presidente del PRI estatal, tuvo la osadía de hacer lo que pocos: comparar las cifras del Ejecutivo con las del INEGI. Resultado: el discurso triunfalista se desinfló más rápido que un globo en feria.

Porque sí, se presume una disminución en la pobreza laboral, pero los números dicen que el ingreso per cápita no alcanza ni para la canasta básica. O sea, menos pobreza… pero más hambre. ¡Milagros de la estadística creativa!
Y mientras los hombres celebran un aumento salarial del 5.7%, las mujeres apenas reciben un 2.2%. Igualdad de género, versión PowerPoint.

Eso sí, la informalidad laboral ya alcanzó el 58.8%, lo que significa que seis de cada diez yucatecos trabajan sin seguridad social ni prestaciones. Pero tranquilos, que el informe asegura que “vamos bien”.

Quintal Parra le restregó en la cara la realidad de Yucatán a Díaz Mena: el panorama yucateco se vuelve más sombrío cuando se habla de violencia de género y salud mental: feminicidios en cifras récord y suicidios que mantienen a Yucatán en la cima de un ranking que nadie quiere liderar.

Pero, ¿qué importa? El informe prefiere hablar de logros culturales invisibles y de políticas migratorias inexistentes. Total, los problemas reales no lucen en las diapositivas.

Y, por si fuera poco, el documento ni siquiera cumple con lo básico: carece de indicadores verificables, metodologías claras o parámetros de comparación con administraciones anteriores.

Es decir, no sabemos si estamos mejor, peor o igual. Lo único seguro es que estamos más confundidos. Las comparecencias, lejos de aclarar, se convirtieron en un karaoke de consignas oficiales: el eslogan sobre el indicador, la propaganda sobre la evidencia. Transparencia proactiva, dicen. Transparencia selectiva, sería más honesto.

Gaspar Quintal dijo en la tribuna del congreso una verdad que puede decirse en voz más alta y gritando, pero no más claro: el informe de Díaz Mena es un ejercicio de retórica más que de rendición de cuentas. Una pieza de museo para la colección de discursos que suenan bien, pero significan poco. Porque cuando la política pública no se mide, no se transforma: se convierte en discurso. Y cuando el discurso ignora la pobreza, la desigualdad y la violencia, lo único que queda claro es que el gobierno vive en un país distinto al de sus ciudadanos.

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