Portada
¿Morena afilia a Liborio, o Mauricio Vila abre una sucursal dentro de la 4T?

Por Consejo Editorial
En política hay divorcios escandalosos, separaciones amistosas y, por supuesto, mudanzas. Lo de Liborio Vidal Aguilar no parece pertenecer a ninguna de las dos primeras categorías. Más bien se asemeja a una mudanza cuidadosamente planificada: cambió de domicilio político, pero no necesariamente de compañía.
La narrativa oficial del “Amigo Libo” pretende vender la idea de una conversión ideológica casi mística. De pronto, después de décadas transitando por el PRI, haciendo escala en el PAN y ocupando posiciones relevantes bajo el gobierno de Mauricio Vila Dosal, Liborio Vidal Aguilar redescubrió las convicciones de 2006: decidió redimirse y regresar al santificado camino de la transformación. Según su propia explicación, aquellas convicciones nunca lo abandonaron. Qué alivio. Porque durante años estuvieron tan discretas que nadie lograba verlas entre secretarías, candidaturas, alianzas y acomodos políticos.
Sin embargo, el verdadero debate no es si Liborio Vidal Aguilar llegó a Morena. Políticos cambiando de partido hay tantos que ya debería existir un programa de viajero frecuente. La pregunta interesante es otra: ¿su llegada contradice la lealtad que durante años pregonó hacia Mauricio Vila Dosal? Y la respuesta podría ser exactamente la contraria.
Porque quienes hoy presentan el salto como una ruptura total parecen olvidar un detalle incómodo: el “Amigo Libo” no aterrizó en las posiciones de mayor relevancia del panismo por generación espontánea. Fue impulsado por el grupo político de Mauricio Vila Dosal, quien lo incorporó a su gobierno como secretario de Educación y respaldó sus aspiraciones políticas.
Por eso, la hipótesis de que Liborio dejó atrás a Vila exige una dosis considerable de fe. La misma fe que se necesita para creer que los operadores políticos dejan de ser operadores en cuanto cambian de camiseta, como si la experiencia, los contactos, las lealtades personales y las redes de influencia se borraran mágicamente al firmar una nueva afiliación.
Quizá el error consiste en analizar la política como si fuera un concurso de doctrinas cuando muchas veces funciona como una red de intereses y complicidades personales. En ese contexto, la llegada de Liborio Vidal Aguilar a Morena no necesariamente representaría una derrota para el grupo vilista. Podría interpretarse, incluso, como una extensión de su capacidad de influencia hacia territorios donde antes no tenía presencia directa.
Al fin y al cabo, en Yucatán abundan los políticos que cambian de partido, pero son muy pocos los que cambian realmente de grupo. Las siglas se sustituyen con facilidad; las lealtades personales suelen ser mucho más resistentes.
Por eso resulta curioso observar a quienes celebran la incorporación de Liborio como si Morena hubiera capturado a un adversario histórico. Tal vez capturó a un aliado reciente. Tal vez capturó a un operador experimentado. O tal vez, en un giro digno del realismo mágico yucateco, terminó incorporando a una figura cuya principal característica ha sido navegar con habilidad entre distintas corrientes del poder.
La verdadera incógnita no es si Liborio Vidal Aguilar se volvió morenista. Eso ya ocurrió. La incógnita es si dejó de ser el hombre político que durante años ha caminado bajo la sombra de Mauricio Vila Dosal. Y hasta ahora, quienes sostienen esa teoría tienen menos pruebas que quienes creen que los cambios de partido producen amnesia instantánea.
Porque una cosa es cambiar de camiseta y otra, muy distinta, es cambiar de dueño del vestidor.