Portada

Ley Maduro: Prioridades al revés; reformas antidemocracia antes que medicinas

Qué conveniente: mientras la gente se desangra pidiendo lo básico, aparece una reforma que, según sus promotores, es la prioridad nacional. Porque claro, ¿quién necesita medicinas, seguridad o semáforos funcionando cuando podemos reorganizar las reglas del juego político? Perfecto orden de prioridades.

Hemos visto al pueblo salir a la calle a pedir medicamentos, quimioterapias y atención médica. Hemos visto al pueblo pedir seguridad, poder circular en carreteras con tranquilidad, vigilancia en el transporte público y que la policía y las fiscalías estén de su lado y no en su contra. Hemos visto al pueblo pedir… no pedir no, mejor dicho, rogar para que les ayuden a encontrar a sus familiares desaparecidos. Hemos visto al pueblo pedir luminarias, que tapen el bache de la esquina (siempre los hay, no importa donde vivas), que haya transporte suficiente, que los semáforos funcionen. Lo que no hemos visto, es a nadie, ni una sola persona, salir a la calle a pedirle a Claudia Sheinbaum y a Morena una reforma electoral. ¡A nadie!

Pero, aun así, la reforma que nadie pidió llega envuelta en discursos solemnes y promesas de “fortalecer la democracia”, mientras las prioridades reales siguen en la fila de espera. Es como redecorar la sala de una casa que se está cayendo a pedazos: muy estético, muy simbólico, y absolutamente inútil para quien necesita techo y comida.
Si la intención fuera distraer, misión cumplida. Si la intención fuera resolver problemas, habría que revisar el manual porque algo se perdió en la traducción entre “gente que sufre” y “ley que cambia reglas”. Y si la intención fuera escuchar a la ciudadanía, entonces alguien olvidó abrir la puerta del diálogo.

¡Vaya! Que mientras las calles claman por soluciones tangibles, la política propone soluciones que parecen diseñadas para un público distinto —uno que no tiene que esperar horas en una fila por una medicina, para que cuando llegue a la ventanilla le digan que no hay, o cruzar la ciudad o transitar las carreteras con miedo. La ironía es deliciosa y amarga: se legisla sobre el cómo se elige, pero no sobre lo que se elige solucionar.
¿Resultado práctico? Mucho ruido, titulares y debates parlamentarios; pocas respuestas para quien realmente necesita ayuda. Y mientras tanto, la falta de medicamentos sigue ahí, fiel testigo de prioridades mal calibradas.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Salir de la versión móvil