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Las “puerquesas” de Roger Aguilar Arroyo (4)

«No es el poder lo que corrompe, sino el miedo. El miedo a perder el poder corrompe a quienes lo ejercen, y el miedo al castigo desde el poder corrompe aún más a quienes están sujetos a él.» Aung San Suu Kyi
Por Fernando A. Toledo y Rivadeneyra
He leído con interés los comentarios que mis lectores han hecho en nuestra plataforma social de Facebook a propósito de esta serie de notas. De todos ellos, hay uno en especial a tomar en cuenta, porque resume otros comentarios similares, y proviene del usuario Edward Cauich quien argumenta: “De que, se quejan si, si el mismo pueblo lo puso segunda ves” (sic). Edward Cauich tiene razón casi en todo, menos en una cosa.
Veamos el asunto: ¿Merecía Roger Aguilar que la ciudadanía de Motul le confiara la administración municipal por segunda ocasión consecutiva? ¡NO! ¿Si desde la primera administración eran bien conocidos y comentados por el pueblo de Motul los presuntos actos de corrupción de Roger Aguilar, por qué carajos lo eligieron de nuevo? Uno de los riesgos de la democracia es que, como es el caso de la reelección del “Zorro”, no gana la presidencia municipal quien obtiene la mayoría de los votos de la totalidad de ciudadanos que viven en Motul.
Roger Aguilar obtuvo solamente un poco más del 31% del total de votos, Mario Herbé Aguilar (Morena), Aremy Mendoza (PAN) y Juan Centeno (PVEM) obtuvieron, todos ellos, el 69% de los votos restantes.
En el municipio de Motul viven al día de hoy poco más de 34 mil habitantes, de los cuales, según el Programa de Resultados Electorales Preliminares 2021 del IEPAC, sólo 5,500 (en números redondos) votaron por Roger Aguilar (Ver en el enlace:
https://prepyucatan2021.com/ayuntamientos/52._motul/votos-candidatura)
Visto lo anterior, nos debe quedar claro que para que un candidato gane no es necesario que la mayoría del pueblo vote por él, sino basta con obtener los votos suficientes. Esta estrategia, la de “asegurar” la cantidad de votos para ganar una elección es bien conocida por Roger Aguilar, quien, además, contaba con la ventaja de “administrar” los recursos públicos.
Dentro de este contexto, no solamente el dinero en efectivo es moneda de cambio para comprar voluntades y votos, también lo son los programas sociales y las concesiones. Y es en el terreno de las concesiones donde Roger Aguilar ha demostrado que tiene una cola larguísima para que le pisen. Quien esto escribe ha solicitado al ayuntamiento de Motul, mediante la Plataforma Nacional de Transparencia, el padrón de tres tipos de concesiones: las de los mototaxis, la de locatarios del mercado Felipe Carrillo y la de negocios que venden bebidas alcohólicas. Todas ellas me han sido negadas.
Y no soy un pendejo como para creerle a Roger Aguilar y a sus “empleados” que el ayuntamiento no cuenta con esos padrones. ¡Claro que los tiene! Lo que el “Zorro” no quiere es que se ventilen los nombres de quienes han sido beneficiados, directa o indirectamente, mediante esas concesiones a cambio de u voto o, peor aún, a cambio del voto de un grupo de agremiados.
Es del dominio público que en Motul los lideres de las agrupaciones de mototaxistas “venden” en paquete a sus agremiados, incluidas sus familias, para obtener ventajas económicas del presidente municipal. Es vox populi que las mesetas y los locales de los mercados son entregadas a cambio de “favores” políticos. ¿Quién, en Motul, ignora que las anuencias para la venta de bebidas alcohólicas no son usadas como herramienta para la coacción del voto?
Incluso, familiares y prestanombres de servidores públicos y regidores cuentan con uno o más de esos permisos a cambio de dejar hacer al “Zorro” lo que le venga en gana. Eso, más su “gastada” mensual, hace que los regidores de oposición le aprueben a Roger todas las cuentas públicas. Un ejemplo de ello es que, hasta ahora, ninguno de ellos ha llamado a comparecer a Erick Acosta para aclarar los asuntos de las obras pagadas, pero que nunca se terminaron.
Todo Motul lo sabe y sabe quienes son. En Motul no se necesita escarbar mucho para que los cadáveres putrefactos de la corrupción afloren, pero, por desgracia, Eric Rihani, nuestro “flamante” diputado encargado de vigilar que no se cometan estos actos de corrupción está más preocupado por placearse y buscar el voto para ser el próximo residente municipal de Progreso, que por hacer el trabajo por el cual fue elegido.
(continuará)