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La vieja receta del populismo: la encuesta que tapa el monto real de la factura

La popularidad no es un certificado de eficacia: mientras Claudia Sheinbaum y los pregoneros de la 1/4T nos restriegan en la cara encuestas que les sonríen, la economía y las finanzas públicas muestran moretones, golpes y fracturas graves que no se ven en los sondeos. México registra crecimiento anémico, deuda y sobrecostos en megaobras que devoran presupuesto, y recortes en salud y educación que contradicen la narrativa triunfal.

Que la presidenta morenista goce de altos índices de aprobación es meramente un dato político; creer que eso equivale a buen gobierno es dar un salto de fe hacia un precipicio con los ojos vendados. El crecimiento económico ha sido débil desde 2018, con años de recuperación tibia y tasas anuales que apenas rozan la normalidad, lo que limita ingresos fiscales y empleo productivo.

Mientras tanto, la deuda y el financiamiento público aumentan. El gobierno presume estabilidad, pero las cifras consolidadas muestran un incremento en pasivos y en la necesidad de financiamiento para sostener gasto corriente y proyectos emblemáticos.
Megaobras: espectáculo, sobrecostos y agujeros negros

Los proyectos estrella —Refinería Olmeca (Dos Bocas), Tren Maya, AIFA y Corredor Transístmico— acumulan sobrecostos y retrasos que ya suman cientos de miles de millones de pesos y representan pérdidas recurrentes para el presupuesto público. No son solo “inversiones”: son vacas lecheras del gasto sin retorno claro. Barriles sin fondo. Elefantes blancos.
Empresas del Estado: deuda que no se arregla con discursos

PEMEX y CFE mantienen niveles de deuda preocupantes; las presentaciones oficiales han intentado matizar la realidad, pero auditorías y análisis independientes muestran que la reducción anunciada es parcial o basada en comparaciones selectivas. La carga financiera de estas empresas sigue presionando las finanzas públicas.

Salud y educación: recortes que no cuadran con la retórica

Mientras se celebran inauguraciones y se reparten titulares, el presupuesto real para salud y educación ha sufrido ajustes y recortes en partidas operativas, afectando acceso y calidad, y aumentando la carga para hogares y estados. Eso no es “transformación”, es desmantelamiento por goteo.
Corrupción y escándalos: la guinda del pastel
Los escándalos de funcionarios y cercanos al poder —desde señalamientos sobre Adán Augusto y supuestos nexos, hasta casos mediáticos vinculados a familiares y funcionarios— erosionan la legitimidad y muestran que la popularidad no impide prácticas cuestionables. La impunidad y la narrativa oficial no son sinónimo de buen manejo público.
La economía mexicana: famélica y lombricienta.
El crecimiento PIB/GDP: En 2018 el crecimiento era moderado, pero el último dato muestra una recuperación débil o crecimiento anémico con una tendencia hacia el estancamiento o, en el mejor de los casos, una recuperación tibia. ¿El resultado? Un impacto fiscal con menores ingresos tributarios, o sea menor capacidad de recaudación para gasto público, a pesar de los nuevos impuestos inventados e incremento de los ya existentes.
Deuda pública: desde 2018 había un nivel base, pero el último dato indica que el gobierno morenista requiere de mayor necesidad de financiamiento. La administración de la 1/4T muestra indicadores reales con tendencia al alza excesiva, lo que ocasiona impacto fiscal con presión creciente sobre el presupuesto público.
Megaobras (sobrecostos): las proyecciones iniciales de 2018 se han visto superadas. El último dato oficial refleja cientos de miles de millones en sobrecostos acumulados y una tendencia al incremento sostenido con dinero del erario. ¿Impacto fiscal? Desvío de recursos que podrían destinarse a inversión social.
PEMEX y CFE, dos paraestatales que, si bien en 2018 ya presentaban pasivos elevados, el último dato muestra deuda persistente y compleja cuya tendencia no ha sido resuelta. De nuevo el impacto fiscal constituye un riesgo contingente para las finanzas públicas.
En salud y educación pública los presupuestos operativos en 2018 eran mayores en términos relativos, pero último dato evidencia recortes y reorientaciones lo que marca una tendencia hacia una reducción real en partidas clave. ¿Impacto fiscal? Menor cobertura y calidad en servicios esenciales en ambos rubros.
Los ciudadanos debemos entender que las encuestas de popularidad compran titulares… pero la contabilidad, no. Si la aprobación popular se usa como escudo o como medicina para ocultar o pretender sanar decisiones que deterioran finanzas públicas y servicios básicos y esenciales, la sonrisa en las encuestas será el maquillaje de un balance que, a la larga, pagarán los ciudadanos. Y esa deuda, no la curan las cucharadas de “Aceite de Popularidad”.

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