Portada
La trampa del 8M en Mérida: el gobierno y feministas juegan a ser víctimas

#MEn Mérida, el Día Internacional de la Mujer no fue una marcha: fue un montaje. El gobierno estatal, con la astucia de un ilusionista barato, decidió que la mejor manera de “proteger” a las feministas era dejarlas solas frente a un muro metálico tan endeble que parecía diseñado por un aprendiz de herrero.
Resultado: las protestantes, hartas de la violencia que crece como maleza en Yucatán, hicieron lo que todo mundo sabía que harían y que hacen siempre: lo derribaron. Y entonces, ¡oh sorpresa!, el guion oficial se cumplió: las feministas arremetieron contra los monumentos salvajemente, mientras el gobierno se lavaba las manos como Pilatos versión 4T… y termina por resolver nada.
La doctora Gina Villagómez lo dijo sin rodeos: fue una estrategia para desacreditar. Y vaya que funcionó. Y si bien es cierto que el Estado se escondió detrás de discursos morados y palacios iluminados mientras la violencia feminicida sigue ocurriendo en casa, las violaciones infantiles colocan a Yucatán en los primeros lugares y las víctimas son obligadas a denunciar sin acompañamiento jurídico ni psicológico, la horda feminista tampoco fue creativa en cuestión de ideas para solucionar el problema raíz.
Villagómez argumenta que Semujeres, fiel al libreto dictado desde el centro del país, las invita a mesas de trabajo que, según ella, no cambian nada. Gina asegura que la convocatoria es solo para validar capacitaciones que sustituyen la atención real. Y es verdad… en parte. Sí, antes había Centros Violetas con apoyo integral; ahora hay Centros Libre, que ofrecen sensibilización como si la violencia se resolviera con talleres de autoestima y pláticas motivacionales. El retroceso es tan evidente que hasta parece política pública: menos justicia, más discursos.
Pero las premisas lógicas de Gina Villagómez también son una trampa retórica. Una falacia. Parece que Villagómez argumenta, utilizando como municiones la evidente falta de atención de los gobiernos a esta problemática, para justificar el vandálico actuar de las feministas. La integrante del Frente por los Derechos de las Mujeres en Yucatán no presentó ni una sola idea, ya ni siquiera una propuesta bien estructurada y viable, de como desatar este nudo gordiano.
Es verdad, el gobierno de Yucatán es un estado de puertas cerradas, donde la violencia se atiende con discursos y la indignación se criminaliza. Las autoridades juegan a la víctima… pero las feministas también son culpables. Y mujeres y ciudadanía en desamparo. El performance oficial y feminista es perfecto: un retroceso disfrazado de progreso y un mural morado que tapa la sangre invisible, pero también la falta de ideas y propuestas. Por ambas partes.
Si la estrategia era marear a la perdiz, el gobierno y las feministas merecen un aplauso. No por su compromiso con la igualdad, sino por su talento teatral: lograron convertir la rabia punk en espectáculo y la desatención en cero políticas públicas. Que se preparen para el próximo 8M: quizá esta vez pinten los palacios de rosa, para que la farsa de unos y otras combine mejor con el maquillaje institucional. Por cierto, ¿Gina Villagómez mencionó, aunque sea una vez, la responsabilidad de las fiscalías?
Es cuánto.