Portada
La salud mental de una persona no debería ser arma política

Por Psic Ernesto Segura
Lo que está ocurriendo con Josefina, la mujer de la tercera edad que permanece frente al Palacio de Gobierno en Mérida, debería hacernos reflexionar sobre algo mucho más importante que cualquier partido político: nuestra calidad humana.
De acuerdo con la información que se ha dado a conocer, sus peticiones han recibido atención institucional y se han ofrecido alternativas para resolverlas. Además, el titular del área de Salud Mental se acercó para brindarle acompañamiento, junto con personal de atención prehospitalaria.
Sin embargo, Josefina continúa ahí.
Y aquí es donde debemos tener cuidado con nuestros juicios.
Que sus demandas hayan sido atendidas no significa que su malestar emocional haya desaparecido. Resolver un problema administrativo no necesariamente resuelve el sufrimiento de una persona. Las necesidades materiales, las emociones y la sensación de haber sido escuchado no siempre se resuelven al mismo tiempo.
Pero hay algo todavía más preocupante: la manera en que algunas personas han decidido convertir esta situación en un enfrentamiento político.
Afirmar, sin pruebas, que Josefina está siendo pagada o financiada por algún partido de oposición no es ejercer el pensamiento crítico. Es difundir sospechas como si fueran hechos.
Y decir que debería estar internada en un hospital psiquiátrico, utilizar la salud mental para desacreditarla o burlarse de su comportamiento tampoco es una muestra de inteligencia, objetividad ni responsabilidad social.
Nadie puede diagnosticar a una persona a través de una publicación en redes sociales. Y nadie debería utilizar un supuesto problema de salud mental como insulto para ganar una discusión política.
Como psicólogo clínico y tanatólogo, considero necesario decirlo con claridad: una persona puede experimentar un profundo desbordamiento emocional sin que eso autorice a los demás a etiquetarla, ridiculizarla o decidir públicamente qué diagnóstico tiene o dónde debería estar.
Si una persona necesita atención emocional, merece recibirla con dignidad, respeto y profesionalismo. No convertirse en blanco de burlas, sospechas y descalificaciones.
¿Podemos cuestionar sus decisiones? Por supuesto.
¿Podemos señalar que sus demandas ya fueron atendidas y preguntarnos qué está ocurriendo para que continúe manifestándose? También.
¿Podemos exigir que las autoridades actúen con transparencia y que se respeten los derechos de todas las personas involucradas? Desde luego.
Pero una cosa es cuestionar los hechos y otra muy distinta es inventar historias, atribuir intenciones sin pruebas o atacar la salud mental de alguien porque su situación incomoda nuestra postura política.
Y aquí viene la pregunta que todos deberíamos hacernos: si Josefina estuviera defendiendo al partido político con el que simpatizamos, ¿la trataríamos de la misma manera?
Si la respuesta cambia dependiendo de nuestros colores políticos, entonces el problema no es solamente nuestra opinión sobre Josefina. También es nuestra incapacidad para poner la dignidad humana por encima de nuestras preferencias ideológicas.
La tercera edad merece respeto. El sufrimiento emocional merece atención. Y la salud mental merece dejar de utilizarse como insulto.
No necesitamos estar de acuerdo con una persona para tratarla con dignidad. No necesitamos respaldar sus decisiones para reconocer su derecho a recibir atención. Y no necesitamos defender a ningún gobierno para rechazar la crueldad de quienes atacan a una persona vulnerable desde la comodidad de una pantalla.
Que las autoridades atiendan sus demandas es una obligación institucional. Que los profesionales valoren sus necesidades emocionales con respeto es una cuestión de responsabilidad humana. Y que nosotros dejemos de agredirla en redes sociales es una decisión que habla de nuestros propios valores.
Porque al final, por encima de cualquier partido, cualquier gobierno y cualquier ideología, hay algo que no deberíamos perder jamás:
LA CAPACIDAD DE RECONOCER LA DIGNIDAD DEL OTRO, INCLUSO CUANDO NO PENSAMOS COMO ÉL.
#SaludMental #DignidadHumana #RespetoALosAdultosMayores #Empatía #Mérida