Nacional
La parábola del borracho y del cantinero

Por Consejo Editorial
La Sala Especializada del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ya sentenció que el presidente de México se abstenga de violar los principios de imparcialidad, neutralidad y equidad democráticas en “La Mañanera” y, cómo siempre acostumbra, se pasó la Ley por el arco del triunfo. Exhibiendo el uso del espionaje político mediante Pegasus, que dice no utilizar, Andrés Manuel exhibió una lista de supuestos contratos gubernamentales para favorecer a la empresa de una aspirante presidencial, en abierta violación a los derechos de la información confidencial. La Suprema Corte ya lo instó a comportarse como presidente y evitar hablar de temas electorales, pero sólo hizo un puchero con la boca para burlarse del Poder Judicial y fanfarronear con que no lo van a callar. Estos son algunos de los efectos del llamado “Fenómeno Xóchitl” que, por vez primera, exhiben a un Andrés Manuel López Obrador errático, gamberril, sin clase, dando palos de ciego. El rey va desnudo.
A lo largo de cinco años fue el amo y señor de la agenda política, con sus payasadas, sus otros datos, sus ataques infantiles, su obsesión por el pasado, su evidente incapacidad para resolver los problemas actuales del país culpando a los conservadores, a los fifís y su mundo de fantasía inaugurando obras inconclusas, pero hoy los reflectores nacionales coinciden en enfocarse en Xóchitl Gálvez que le responde puntualmente cada acusación, situación que lo tiene enloquecido.
Ahora, con base en su espionaje gubernamental, pidió a la asociación civil Mexicanos Unidos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), instancia que ha exhibido los principales casos de corrupción de la llamada “Cuarta Transformación”, que investigue a las empresas de Xóchitl. Y la respuesta de esa agrupación lo ha dejado mudo: “En MCCI no hacemos investigaciones bajo pedido de nadie: gobierno, oposición, donantes, partidos o cualquier ente. Los programas de investigación se deciden al interior del cuerpo de directores. Nuestro trabajo está al servicio de la ciudadanía denunciando con evidencias”, comunicaron en su cuenta de Twitter.
No hay quinto malo: en su quinto año de desgobierno, de ataque a las instituciones del país, López Obrador está ya en abierta decadencia, gracias al “Fenómeno Xóchitl”. Y también ha demostrado que no es lo mismo ser el borracho, que el cantinero.