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JAPAY: De méndigos y mendigos

“Huacho” no puede ni prender la luz de su despacho sin pedirle permiso a la Ciudad de México
Bienvenidos al gran espectáculo del poder: una gira presidencial que, lejos de ser un acto de Estado, se convirtió en un desfile de sectarismo, desplantes y promesas envueltas en papel de regalo. Si la política fuera teatro, esta función merecería una crítica despiadada; si fuera administración pública, merecería una auditoría y, de paso, una lección de civismo, porque excluir a la autoridad municipal electa ante la ciudadanía no solo es grosero: es un insulto directo a los meridanos que votaron por otra opción. ¿Democracia? Solo si coincide con la camiseta del partido.
Bajo el rimbombante lema Plan Renacimiento prometen inyectar 1,500 millones de pesos al sistema de agua potable. Suena noble hasta que se recuerda que la coordinación institucional brilla por su ausencia. ¿Ayuda real o una caja chica con sello oficial? Entregar el manejo de esos recursos a Francisco “Panchito” Torres en la JAPAY es como poner a un prestidigitador a cuidar la alcancía: antes de que llegue la primera gota a una tubería, ya habrá desaparecido en la propaganda electoral.
La frase presidencial “Vamos a ayudar al gobernador a darle agua a Mérida” no es solidaridad; es un certificado público de incapacidad. Ver a Joaquín “Huacho” Díaz Mena suplicar auxilio desde el centro es la mejor prueba de que la solución local fue sustituida por la gestión de limosnas y la acumulación de deuda. Mientras tanto, la administración estatal se conforma con recibir palmaditas y reciclar proyectos ajenos como si fueran trofeos de gestión.
“Huacho” Díaz Mena, el ejecutivo estatal, parece cómodo en su papel de gestor de migajas. Necesitan 1,500 millones y una visita presidencial para hacer lo que una administración eficiente resolvería despidiendo a los mediocres de nómina. Pero no nos engañemos: con Panchito al frente, lo único que fluirá con fuerza será la desaparición del dinero en las alcantarillas de la política electoral.