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II Patón y patán

#Nacional #SCJN
El video en el que se ve a Amanda Pérez Bolaños, actual directora de Comunicación Social de la SCJN, limpiando los zapatos a Hugo Aguilar Ortiz, presidente de la SCJN, ha tenido un efecto inmediato en la percepción pública y ha generado un repudio viral en las redes sociales y los medios de comunicación.
Aguilar Ortiz, insiste en demoler la poca legitimidad institucional que unas cuestionables elecciones le han dado a esta nueva SCJN, pues al estar sostenida por alfileres su poca credibilidad legal, el Poder Judicial depende de la confianza ciudadana. Una imagen que transmita servilismo o desigualdad erosiona esa confianza, pues se percibe como contraria a los valores de imparcialidad y dignidad que la Corte debe encarnar.
Además, presenta una contradicción discursiva, pues si el presidente de la SCJN habla de cercanía con el pueblo, inclusión y austeridad, pero se le asocia con gestos de ostentación o jerarquía, se genera una disonancia que debilita la narrativa oficial y oficialista de quienes aseguran que “ellos no son iguales”.
Y ya que la cuarta transformación recurre a la memoria colectiva para “recordarnos” que antes había corrupción, nepotismo y privilegios en la anterior SCJN, les recordamos que, en México, las imágenes de poder ostentoso, como políticos rodeados de lujos o gestos de subordinación hacia ellos, suelen convertirse en símbolos duraderos de crítica repudio, situación que se les está regresando como un boomerang. Esta escena se inscribiría en esa tradición de “fotografías incómodas” que marcan la opinión pública.
Claudia Sheinbaum aseguro que “Todas llegaron”, pero el hecho que sea una mujer la que realiza el gesto añade una capa de crítica sobre roles tradicionales y subordinación femenina y un retroceso frente a los avances en igualdad de género.
Este tipo de actitudes no solo afectan la reputación personal del ministro presidente, sino que contaminan la percepción de toda la institución y los pintan de cuerpo entero. En un momento en que el Poder Judicial enfrenta presiones políticas y demandas de independencia, cualquier símbolo de ostentación o desigualdad se convierte en un duro golpe de realidad para la ciudadanía, que demuele su, ya de por sí, frágil legitimidad. O sea, a la SCJN la cambiaron, para que nada cambie.