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El Tren Maya: acomodando una madrina

¡Pues vaya madrina! Veamos:
El Tren Maya, inaugurado parcialmente en 2023, pasó de un presupuesto inicial de 150 mil millones de pesos a estimaciones que superan los 500 mil millones, acumula pérdidas operativas cercanas a 9.9 millones de pesos diarios y ha registrado múltiples incidentes y descarrilamientos que han encendido alertas públicas y demandas de investigación.
El sobrecosto de la madrina: la magia del presupuesto que se multiplica
Promesa inicial presentada por el expresidente Andrés Manuel López Obrador era que construiría el tren con 120–150 mil millones de pesos. Pero cálculos independientes y reportes periodísticos sitúan el costo final proyectado por encima de 500 mil millones de pesos (varias fuentes redondean a $511 mil millones), es decir, 3.3 veces lo presupuestado originalmente según análisis del IMCO y medios. Si los presupuestos fueran recetas, AMLO confundió cucharadas con ceros; el “ahorro” prometido por el líder moral de Morena se evaporó y dejó una factura que pagamos, y seguiremos pagando, todos.
La verdadera madrina: escándalos y presuntos actos de corrupción
Legisladores y organizaciones han exigido auditorías y la suspensión de operaciones por presuntos actos de corrupción vinculados a la ejecución y contratos del proyecto. Múltiples notas periodísticas de investigación y demandas judiciales señalan irregularidades en adjudicaciones y en el manejo de recursos, lo que alimenta la sospecha pública de que el sobrecosto no es sólo “mala planificación” sino también mala administración. Cuando el dinero público se comporta como agua, siempre hay quien trae el vaso roto.
El Tren Maya cerró el 2025 con un déficit operativo de 3,649 millones de pesos, equivalente a 9.9 millones de pesos perdidos cada día según estados financieros y reportes de prensa. Esas pérdidas requieren subsidios o reasignaciones presupuestales; en la práctica, los contribuyentes financian diariamente la operación deficitaria del proyecto. La promesa de López Obrador de que el Tren Maya “no costará a los mexicanos” envejeció mal; ahora cuesta, y mucho, cada amanecer.
Desde su puesta en marcha el Tren Maya ha sufrido varios descarrilamientos, choques y hundimientos reportados en distintos tramos, con cobertura mediática y revisiones técnicas solicitadas por autoridades. Supervisiones y estudios estructurales han sido ordenados en tramos críticos, por ejemplo, el tramo 5 donde actualmente están apuntalando las vigas madrinas o “ballenas”, mientras crecen las exigencias de inspección y seguridad por parte de expertos en ingeniería civil y de la ciudadanía. La seguridad ferroviaria no es un accesorio; los incidentes convierten el “viaje turístico” en una serie de sobresaltos que nadie debería aplaudir.
El Tren Maya es hoy una mezcla de obra monumental, expediente de sobrecostos, litigios y pérdidas diarias que pesan en el presupuesto. Sugerencia (no partidista, sólo sensata): auditorías independientes, transparencia total de contratos y un plan de viabilidad financiera y de seguridad antes de seguir celebrando inauguraciones. Mérida y el sureste merecen infraestructura segura y rentable, no fuegos artificiales contables.