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Caravana con sombrero ajeno

La inauguración de la glorieta de City Center fue, en apariencia, un acto de modernización vial y de aplausos oficiales. En la práctica, fue un ejercicio de memoria selectiva: se estrenó la obra y se olvidaron los créditos que no convenían. El gobernador Joaquín Díaz Mena cortó el listón, posó para la foto y dejó que sus medios de comunicación cuenten que la historia empezó justo cuando las cámaras de sus reporteros flashearon.
Curioso olvido oficialista es que las gestiones arrancaron en marzo de 2024, cuando Rafael Hernández Kotasek, entonces al frente de la Agencia de Transporte de Yucatán, puso manos a la obra y hasta gestionó la donación de una fracción de terreno privada que resultó clave para el rediseño vial. Pero esos detalles técnicos y administrativos no combinan con la narrativa del estreno, así que mejor omitirlos y quedarse con la versión más fotogénica.
La ausencia de la alcaldesa Cecilia Patrón Laviada no fue un descuido menor; fue un mensaje con tacón y etiqueta. Repetir la estrategia de cortar listones en el norte de la ciudad, donde se concentra el voto duro panista, no es casualidad. Es una jugada de ajedrez, un gambito electoral con estética de obra pública. Mientras tanto, en el sur, las intervenciones estatales siguen siendo escasas y ruidosas en la difusión, pero discretas en la inversión real.
En ese tablero, Alaine López Briceño aparece como la reina o dama que se mueve por todo el tablero de la escena, protege posiciones y se asegura de que los reflectores apunten donde más conviene. La política local se parece cada vez más a un partido de ajedrez donde las piezas se mueven según la conveniencia del tablero, no según las necesidades de la ciudad.
No es menor que los regidores de Morena insistan en reclamar mayor inversión y lo que llaman “justicia social urbana”. Que esas demandas coincidan con la escasez de obras en el sur deja de ser coincidencia y empieza a leerse como una ruta trazada por mapas electorales. La retórica de la equidad choca con la práctica de la geografía selectiva.
Para rematar el sainete, la inauguración sirvió también para presentar al nuevo director general del Incay, Juan Manuel Cardós Pereira, tras la destitución de Ángel Antonio Pérez Medrano. Detrás de ese movimiento hay más que una simple rotación administrativa; hay indicios de intereses y de un “gobierno paralelo” que opera entre bambalinas y que, cuando conviene, decide quién entra y quién sale del escenario.
Si la modernización vial es un logro, que se reconozca a quienes la impulsaron. Si la política es espectáculo, que no se disfrace de servicio público. Y si la ciudad merece justicia social, que las obras no sean solo una postal para la campaña, sino una inversión real y repartida con criterio urbano, no con cálculo electoral.