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¡Ah, qué la chingada! Promesas en llamas: la refinería Olmeca y su factura social

Cinco personas, entre ellas una trabajadora petrolera, murieron en un incendio que se registró en la refinería Olmeca de la localidad costera de Dos Bocas, en Paraíso, Tab., ayer martes.
La obra maestra del sexenio pasado: una refinería que, según los anuncios, iba a bajar el precio de la gasolina, traer prosperidad, resolver todos los problemas energéticos del país y, hasta chance, curar el cáncer. Resultado real: un gran incendio alrededor de la barda perimetral, vecinos afectados, escuelas en riesgo, inundaciones frecuentes y la gasolina que no baja ni un centavo. Todo un logro de eficiencia administrativa.
Si alguien creyó en la promesa de Andrés Manuel López Obrador, que invertir miles y miles de millones de pesos era sinónimo automático de beneficio social, la Refinería Olmeca les vino a dar la lección: el dinero puede desaparecer con estilo. Se prometió refinación, se prometió ahorro, se prometió tranquilidad; lo que llegó fue humo, mecheros encendidos y la sensación de que la inversión fue una escenografía costosa para una obra que, en la práctica, no refina lo que prometía.
Los vecinos paraiseños, por su parte, recibieron el paquete completo: inundaciones, ruido, contaminación y la emoción de vivir “tan cerca de la ciudad” que ahora las escuelas y los niños son parte del decorado industrial. ¿Protección Civil? Al parecer, en modo espera. ¿Responsables? En modo discurso. ¿Soluciones? En modo promesa eterna. La refinería que iba a ser la panacea terminó siendo la excusa perfecta para que la ciudadanía recuerde que las promesas no pagan facturas ni limpian el aire.
En resumen: gran inversión, gran espectáculo, nulos beneficios palpables. Si la intención de AMLO era construir un monumento al despilfarro con chimeneas y mecheros, misión cumplida. Si la intención era mejorar la vida de Paraíso y bajar el precio de la gasolina, entonces confundió el manual de obra pública con un libreto de teatro.