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A Huacho le llueve sobre mojado: la inauguración del nuevo O’Horán y la primera lluvia

O Jaquín Díaz Mena es el gobernador más inepto en la historia reciente de Yucatán, o es el tipo con más mala suerte. Las dos cosas son muy malas para los yucatecos.
El 17 de mayo de 2026 fue la fecha elegida para la foto oficial y el 25 de mayo, la lluvia hizo su propio comunicado de prensa: vídeos difundidos por usuarios muestran una sala de espera con agua en el piso, sillas chapoteando y un guardia de seguridad caminando entre charcos como si fuera parte del mobiliario. Si alguien pensó que la lluvia sería un detalle menor, la lluvia respondió con un “no, gracias” muy literal. Tres años de obra, una inversión millonaria y una inauguración que duró menos que una tormenta. ¡La obra pública emblemática de Huacho, pasada por agua!
¿Fallas de diseño o de ejecución?
En redes sociales ya circulan las teorías: goteras, filtraciones, desniveles mal calculados, o simplemente una constructora que entregó el proyecto con la misma seriedad con la que se entrega un regalo envuelto en papel de periódico. Y claro, la pregunta obvia: ¿se exigieron garantías a la empresa encargada? ¿Se revisó el drenaje? ¿Se consideraron las lluvias estacionales de Yucatán en los planos? Por ahora, las respuestas son tan escasas como las autoridades que se han pronunciado.
Silencio oficial y responsabilidad
Hasta el momento ninguna autoridad ha dado la cara para explicar por qué un hospital recién inaugurado se anegó con la primera lluvia fuerte. Tampoco hay información pública sobre si hay más filtraciones en otras áreas del edificio. Mientras tanto, los usuarios y trabajadores se quedan con el video viral y la incómoda sensación de que el dinero público se convirtió en una piscina improvisada.
Invertir miles de millones de pesos en salud y estrenar un hospital que se inunda con la primera tormenta es, en el mejor de los casos, una ironía trágica; en el peor, una negligencia con nombre y apellido: Huacho Díaz Mena. Si el objetivo era demostrar que el Estado puede construir infraestructura de primer mundo, la lluvia decidió dar una lección de humildad: no basta con inaugurar, hay que garantizar que no se inunde lo que debería salvar vidas. Y mientras esperamos que alguien rinda cuentas, los pacientes ya saben que, además de curarse, tendrán que aprender a chapotear. Ora si que a Huachito no lo calienta ni el sol.