Los imprescindibles

Por Francisco Solís Peón

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.
Bertolt Brecht.

Mérida Yucatán, viernes 15 de mayo de 2020. Año del coronavirus. Un día del maestro atípico, sin clases y sin posibilidad alguna de celebración, no queda nada más que recuerdos y salones vacíos.

Siempre he desconfiado del origen tanto comercial como político o religioso de la celebración del día de la madre en México, no así en lo que respecta al día del maestro que por cierto es anterior. Un día varios diputados con carrera docente elaboraron una petición que el presidente pronto convirtió en decreto en 1918. En aquéllos años de plena revolución ser maestro representaba un verdadero apostolado, tomando en cuenta que leer y escribir eran actividades reservadas a minorías que el grueso de la población consideraba por demás poco útiles.

Tiempos de aislamiento queda comprobado que la enseñanza remota simplemente no compite con la presencial, algo que se vislumbraba desde hace décadas con las telesecundarias, estamos demasiado acostumbrados a la interacción humana y ¡Qué bueno que así sea! De niños la escuela se convierte en nuestro mundo, el propio, no el que necesariamente tenemos que compartir de alguna forma con el resto del núcleo familiar, posteriormente nuestro centro de estudios es la nave que nos llevará a todos los puertos que nos depara la vida, finalmente uno inevitablemente reacciona de acuerdo a la educación recibida (sea formal o no).

Aunque normalmente sea una actividad grupal, la formación académica es asimilada de manera diferente por cada individuo y por cada grupo (que muchas veces forma una personalidad aparte de la de cada uno de sus integrantes. Por eso no debe sorprendernos que en el ámbito literario las obras con protagonistas docentes resulten demasiado intimistas, sobre todo para “milenians” y demás fans de la cultura digital. Me limitarse entonces a mencionar solo dos por ser clásicas del tema: “Adiós Mr, Chips” (1934 de James Hilton) y “Al maestro con cariño” (1959 de E.R. Braithwaite) ambas de manufactura norteamericana.

Y si bien las novelas sobre maestros de escuela en mi opinión se encuentran un poco desfasadas, las películas que surgen de sus respectivos argumentos son magníficas, la primera tiene dos versiones una de 1939 y otra más actualizada de 1969, entre ambas coleccionaron cinco premios de la academia. Por su parte la producción británica de “Al maestro con cariño” estrenada en 1967 se volvió emblemática, el actor de color Sidney Poitter fue inmejorable como protagonista, el reparto cumplió mucho más allá de las expectativas y el tema musical del mismo nombre fue considerada por la revista Billboard como la canción del año.

Para los que somos ochenteros la película hollywodense “Teachers” de 1984 es de referencia obligatoria, muchos recordarán sus secundarias y prepas pero en versión gabacha, hay maestros de todos colores y sabores, corruptos, idealistas, desmotivados, combativos y hasta lunáticos. De la pantalla chica recuerdo la serie “Boston Public” (con distintas denominaciones en español) que retrata el ambiente complejo y peligroso de las preparatorias estatales en USA durante los años noventa, no me hagan mucho caso pero creo que está disponible en la aplicación de Fox o lo que quede de ella.

Existe por ahí un churro mexicano que año a año nos receta Televisa por estas fechas, la película se llama Simitrio (1960) y nos refleja ese cine chabacano y cursi de mediados del siglo pasado y auspiciado por el autoritarismo hipócrita de entonces.

Me voy a permitir una reflexión final, al maestro le cae nuestro destino en sus manos, cada uno tiene su estilo, unos moldean el espíritu con la sutileza de un artesano, otros utilizan la fuerza del forje, otros más aspiran a lo sublime que conlleva la composición de una cuidada melodía.

Si me preguntasen quiénes de ellos están en mí y lo estarán por siempre podría decir que de alguna manera todos pero sin duda los más notables son: En la primaria Don Eligio Magaña Martínez (a) Don Licho, en la secundaria Don Héctor Chacón Ocampo y en la prepa Don Luis Ramírez Rosado. Todos grandes maestros de generaciones, intemporales, insustituibles. No solo brillaban en el aula, también predicaban con el ejemplo, eran hombres de familia, profundamente religiosos, ciudadanos ejemplares, hombres de bien.

Entre los tres estamos hablando de cerca de 150 años de contribución al futuro de las nuevas generaciones. Don Licho (QPD) representaba el prototipo de la bondad docente, Don Héctor es ejemplo de nobleza y entrega a su vocación y Don Luis es la solera que dio cuerpo y esencia a las juventudes que abrazaron el ideario educativo del Centro Universitario Montejo (CUM).
Formadores en todo el sentido de la palabra, sin duda los imprescindibles.

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