Las maravillas de Yucatán

LA VISIÓN DE CARONTE
Por Miguel II Hernández Madero

Escuchamos las maravillas que hablan los apologistas, tanto de la 4-T como del gobernador Mauricio Vila, señalando un buen rumbo, liderazgo, combate a la pobreza, con un clima donde todo iba bien hasta que llegó el COVID-19 a derrumbar todo el esfuerzo.

Suena al viejo meme de que “yo era una maravilla…, hasta que me lesioné la rodilla”.

Ahora el COVID-19 es el villano. ¿Hay desempleo?, el coronavirus; ¿colapsó el sector salud?, faltaba más, la contingencia sanitaria por la pandemia; ¿hay pobreza?, ya se sabe por qué…, o si lo prefieren, entonces ahí está el viejo confiable de Cristóbal, no hay pierde.

Dentro de ese escenario, definitivamente escucharemos muchos discursos, pero hasta antes de la contingencia sanitaria, la situación de Yucatán (y del país), no era precisamente de bonanza. Había desempleo, desaceleración económica (para no decir recesión), incertidumbre, despidos al por mayor, aumento de impuestos, en fin, todo un coctel de buenas noticias para los ciudadanos.

Pero aún así, dicen que vamos bien. Dicen que en Yucatán hay rumbo y liderazgo y hasta antes de la contingencia, las encuestas marcaban que estábamos bien, pero cabía la pregunta: ¿Por qué no era palpable ese mundo maravilloso que nos decían?

¿Dónde quedó ese mundo de ofertas de campaña, con empleos, infraestructura, sin rezago social, ni problemas educativos?

Si las cosas hubiesen ido más allá del discurso y la imagen estaríamos en una tierra maravillosa “donde los sueños se vuelven realidad”, sí, ese es el ideal, pero del cual seguimos muy lejos, pese a las notas color de rosa donde se habla de millones de inversión, donde los sueños se han convertido en realidad, pero no para la gente del campo y las ciudades quienes creyeron y votaron.

Miles de familias siguen esperando respuestas a sus preguntas y mudos reclamos. Sus evidentes necesidades de ayuda siguen siendo ignoradas, a menos que sirvan para el show mediático que les dará cinco minutos de atención para quedar luego en el olvido.

La contingencia sanitaria que evidenció lo más triste de la condición humana, se ha convertido en un campo que será aprovechado por aquellos quienes buscarán ponerse la capa de super héroes, de paladines sociales, para obtener el voto e incrustarse en el erario el próximo año.

Las estadísticas no mienten. Frente a los discursos optimistas, se encuentran las condiciones de muchos yucatecos, con un despertar carente de sueños y un horizonte sin esperanza.

Quizá sí exista un mundo maravilloso en Yucatán, pero al igual que la gran mayoría de los ciudadanos, definitivamente yo no lo veo y eso simplemente lacera la conciencia, por la farsa de ese mundo de palabras vacías y sonrisas posadas.

Hasta la próxima…

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