La Mérida que se va…

LA VISIÓN DE CARONTE
Por Miguel II Hernández Madero

Yucatán tiene en ascenso los índices de violencia e inseguridad, cosa curiosa si tomamos en consideración el intenso patrullaje de la policía estatal, municipal y ahora hasta con la Guardia Nacional y las limitaciones de movilidad. No es tan seguro como nos quieren hacer creer, ni es “inmaculado”.

Con casi una treintena de suicidios en mes y medio de 2021, así como hechos de sangre (reportados), el encanto se ha roto. ¿Cuántas mujeres han sido golpeadas por sus parejas o familiares? ¿Qué tan eficaz es el Ministerio Público para atenderlas?, pero no sólo es recibir la denuncia, sino darle curso y brindarles la asesoría y apoyo que requieren, pero lamentablemente ese es un tema del que poco se quiere hablar.

Quizá se quiera aplicar el dicho “si no lo digo, no pasó”, pero es una realidad frente a la que no basta cerrar los ojos y de manera oficial presumir la “tranquilidad de Yucatán” y vender su imagen como la entidad más segura. Hay asaltos, hay hechos de sangre, hay violencia y, no pocas veces, impunidad.

Mantener la idea del “aquí no pasa nada” no es lo más adecuado, porque sucede que sí pasan cosas y los ciudadanos no saben ni a quién recurrir pues igual se está expuesto a sufrir arbitrariedades por sujetos que portan un uniforme, pero que no lo dignifican, ni mucho menos lo respetan, aunque afortunadamente, hay también integrantes de los cuerpos de seguridad pública quienes están por vocación.

Pero en el caso de la inseguridad que aumenta en Yucatán, curiosamente los casos son minimizados para no entorpecer las investigaciones o para que la opinión pública no se alarme. Pero negarlo no es darle solución. Frente a los problemas lo primero que se debe hacer es reconocerlos, identificar a los sectores afectados y actuar, en vez de encerrarse a preparar declaraciones bonitas que no solucionan y que ya poca gente cree.

En estos últimos días una joven madre fue acuchillada, los suicidios no paran…, la tragedia camina en Yucatán, sumando las muertes por el COVID-19 y cuando se piensa que cuando menos se tienen cuerpos de seguridad confiables y que Yucatán está al margen del narcotráfico resulta que en dos días se detectaron tres cuartos de toneladas de droga en nuestras carreteras; lo más triste es que el primero de los embarques, quienes pretendían introducirlo al estado, eran miembros de la Guardia Nacional.

Mérida ya no es la ciudad tranquila, inmaculada, de ensueño. Su belleza es incuestionable, pero ha cambiado, sin que debamos culpar a los “fuereños”, como muchos se apresuran a dejar salir sus prejuicios. Mérida y Yucatán han cambiado por nosotros mismos, quienes hemos dejado que la seguridad se nos vaya de las manos al no exigir y simplemente aplaudir a quienes no hacen más que preparar discursos y repartir sonrisas sin darle solución a las demandas sociales con programas públicos que atiendan de fondo las necesidades detectadas.

Y así como el año inició con una racha de suicidios, en febrero hemos tenido varias muertes violentas. La espiral crece, sin que parezca tener freno, ojalá no estemos despidiendo esa tranquilidad que conocimos y que no podremos dejar como legado a las generaciones que vienen. Que nuestras sonrisas juveniles de antaño no se transformen en un lamento por aquella paz que se nos va de las manos.

Hasta la próxima…

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