Intercambios culturales entre Cuba y Yucatán: su impacto en el siglo XIX

LA VISIÓN DE CARONTE
Por Miguel II Hernández Madero

La relación entre la Isla de Cuba y la Península de Yucatán va mucho más allá de contactos esporádicos o por la presencia de viajeros de temporada.

La cercanía geográfica es un factor importante a tomar en cuenta y los constantes contactos entre la Península y la Isla han influido en las costumbres y hasta en la música, pues la tradicional trova yucateca es básicamente la incorporación de sones cubanos, con poemas de yucatecos, quienes además la adaptaron hasta hacerla algo propio. Y aunque es Mérida el sitio donde se concentró la mayor parte de los emigrantes cubanos, la influencia de las costumbres tanto traídas por los cubanos exiliados, como por los yucatecos que viajaban a la Isla, acabaron por amalgamarse en todo el territorio peninsular, en mayor o menor grado.

No hay que perder de vista que por la Guerra de Castas (1847-1861) se enviaron mayas y mestizos como “trabajadores voluntarios” hacia la Isla, a la par que familias de yucatecos se iban hacia la Isla huyendo de ese conflicto social que amenazaba con acabar con la presencia “blanca” en la Península, a tal grado que incluso se ofreció la soberanía de Yucatán a Estados Unidos, Inglaterra y España.

Posteriormente, a partir de 1868, el flujo migratorio se revertió pues fueron los cubanos quienes abandonaron la Isla, que aún era colonia española y buena parte de estos exiliados llegaron a Yucatán[1] donde su presencia se manifestó en diversos ámbitos e incluso se ofrecieron a colaborar en la lucha armada contra los indios mayas.

No perdamos de vista que de Cuba partieron los españoles que a la postre colonizaron el territorio de lo que hoy es México y fue el Mayab la primera tierra continental que avistaron. Tras ese primer contacto de Francisco Hernández de Córdoba en 1517, la historia de ambas tierras quedaron enlazadas, aunque no debe ignorarse los posibles contactos esporádicos entre la Isla y los mayas, que podrían haber recalado arrastrados por las corrientes y el mal tiempo, ya que entre sus puntos más cercanos, ambas regiones distan apenas 200 kilómetros.

Hasta la segunda mitad del siglo XIX, el principal movimiento era de habitantes peninsulares hacia la Isla, pues en principio se trató de mayas esclavizados para que trabajaran en Cuba, dándose el caso de incursiones de españoles e incluso de piratas y filibusteros, para capturar indios y llevárselos de esclavos.

La migración desde la Península a Cuba siguió de otra forma, incluyendo la venta de los indios mayas de 1849 a 1861, con motivo de la Guerra de Castas y aún después de esta fecha, hasta que el inicio de la Guerra Grande (1869) cambió la dirección de esa migración.

Previo al estallido de la lucha la emigración ya había empezado, por las condiciones que se veían llegar, aunque esta se recrudeció desde octubre de dicho año (1869).

Cuba, que seguía siendo una colonia española, emprendió una doble lucha anticolonial. Por un lado contra España por el aspecto político y jurídico, pero por el otro luchaba contra Estados Unidos, por el aspecto económico, ya que estaba en juego el importante mercado del azúcar y de otros productos agrícolas de la isla.

Ante la situación imperante, hubo emigración masiva hacia varios puntos, calculándose que estas cifras alcanzaron entre 10 mil y 12 mil personas al mes, con diversos destinos, entre ellos la costa este de los Estados Unidos, Puerto Rico, Yucatán, Santo Domingo, etc.

Esta migración entre 1868 y 1898, no fue vista por los yucatecos como una presencia extranjera propiamente dicha. Antes ya se habían dado matrimonios cubano-yucatecos y hubo un intercambio de personajes de la vida cultural y artística entre Cuba, Mérida y Campeche, por lo que la Habana era para los peninsulares, una metrópoli regional.

Sin embargo el papel de esos inmigrantes fue diferente al conocido hasta entonces, pues realizaron actividades políticas en pos de la emancipación cubana. Además de relacionarse con el conjunto social que los acogía. Otro aspecto digno de considerar es que la migración fue multiclasista.

Al ser Cuba en el siglo XIX una provincia española, no había un registro estricto de las migraciones, por lo que no se tienen datos precisos en cuanto a habitantes de la Isla en los años previos y posteriores al inicio de la Guerra de Independencia.

En el caso de los llegados a Yucatán, la razón principal para que escogieran esta tierra fue su proximidad geográfica, además de ese largo contacto que llevó a que muchos cubanos tuvieran amistades y familiares yucatecos. Asimismo había un clima de simpatía hacia la independencia de Cuba, pues los liberales en su exilio habían sido recibidos amistosamente y con simpatía en la Isla.

Esta identificación se hizo manifiesta en muchos aspectos y destacaron en el apoyo durante la Guerra de Castas pues en Mérida realizaron en julio de 1869 un “Bazar Patriótico Cubano”, para recabar fondos y ayudar a las familias afectadas por esta lucha. Estos beneficios fueron repartidos a familias de Peto y Sotuta.

No obstante, aunque se reconoce que fue nutrida la emigración de cubanos a Yucatán, se desconoce su número exacto, pues no hay registros, pero examinando los periódicos de la época se ve la lista de viajeros procedentes de la Habana, que luego se identificaban realizando acciones de apoyo a la lucha de independencia, sin dejar de apoyar a la sociedad local, pues como ejemplo se menciona que cuando en junio de 1869 en Mérida se temía por un ataque rebelde, la Junta Patriótica Cubana ofreció organizar una compañía de voluntarios, que ellos mismos costearían, incluyendo armas y uniformes.

Si bien la migración fue multiclasista, con obreros, artesanos, intelectuales y artistas, también se dio la llegada de algunos hacendados ricos cuyas propiedades fueron incautadas por España durante la guerra.

Asimismo los demás migrantes, quienes solamente tenían sus conocimientos o fuerza de trabajo, no encontraron dificultad en encontrar empleo en estas tierras, debido a la reactivación administrativa, tras la caída del imperio de Maximiliano, que llevó al restablecimiento de las leyes liberales. Así se desarrollaron cultivos como del henequén, azúcar y tabaco, que habían sido arrasadas años antes en el los inicios de la Guerra de Castas y que por las caótica situación del país no se había atendido.

No sólo en el campo se dio la integración laboral de los cubanos. De hecho la más relevante fue en el ámbito urbano. En 1869, a poco tiempo del inicio de la Guerra Grande, ya trabajaban maestros cubanos en el Instituto Literario e incluso eran autores de libros dedicados a la enseñanza, como Joaquín Andrés Dueñas o Ildefonso Estrada y Zenea, cuyos textos para dibujo lineal, fueron de tipo “oficial”, durante muchos años. También es de mencionar a Amalia Simoni de Agramante, profesora fundadora en 1873, de la cátedra de Canto en la Sociedad Filarmónica de Yucatán, o el caso de Mario Loret de Mola que, al igual que Estrada y Zenea, fundaron sendas imprentas. No se puede ignorar al educador Rodolfo Menéndez de la Peña, quien incluso desarrolló actividades políticas.

Independientemente de su integración a la sociedad yucateca, los refugiados fundaron su Junta Patriótica Cubana de Mérida, dependiente de la Junta Central de Nueva York.

La presencia cubana incluso transformó el paisaje meridano, pues de esa isla se trajeron los primeros flamboyanes en la segunda mitad del siglo XIX, que se extendieron tan bien en estas tierras que dicho árbol ha tomado carta de naturalización e incluso muchos piensan que son nativos de estas tierras.

Pero mucho antes de eso, tenemos que los mayas ya habían estado en Cuba, en tiempos de la Colonia, cuando fueron llevados como mano de obra para construir en esa y otras islas, pero del tema trataremos en colaboraciones futuras.

Hasta la próxima…

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